De
la ira, de Martín Romero
Moreno. EL ÁRBOL SOLO PREGUNTAS SIN INTERROGANTES
A Javier Fernández de Molina
El árbol solitario
extendía sus raíces,
su latido de sangre.
Ha madurado en sus sombras
su corteza de luz.
El corazón de piedra
se hizo pulga en el agua
de la lluvia.
De las últimas ramas
los pájaros volaban
hacia otros horizontes.
Las hojas suspendidas
mecían los musicales
pentagramas del aire.
Trepaban a la copa
los pinceles finales
de la tarde.
El árbol ignoraba
la soledad total
de su paisaje.

Y si vivir fuera sólo existir;
Y si el misterio
(que alguna vez tocaron los poetas)
sólo fuera ficción,
lirismo.
Qué sería del instante.
Por qué tanto dolor.
Por qué es el odio.
Ahora mismo:
Por qué ese ritual.
Que sentido tendría
estar aquí
escribiendo poemas
signos pobres-
Que sentido tendría morir.