Cuaderno
del paisaje, de
Santiago Corchete.
Paisaje de la cábala
Concentrados en un renglón minúsculo
y hostil del universo,
todo es acercamiento, fe que busca
ser luz junto a las otras, signo activo
detrás de los espejos del misterio.
...Y ahondamos en la duna
de la divinidad de cada día
con el presentimiento
de que la utilidad no es de este mundo,
tras sembrarnos en unos barbechales
sin tempero ni esmero, y sin poder
siquiera sacar agua de palabras
del pozo del silencio.
Mientras tanto
y a las puertas de la incredulidad,
los recuerdos son aire, voz opaca
que escribe los ajados resplandores
de una estrella rodando por el suelo
de estos surcos de humanidad y altura.

Paisaje de la ironía lenta
«Busque la hondura de las cosas:
allí no desciende nunca la ironía»
R.M. RILKE.- «Cartas a un joven poeta»
Soy incapaz de frecuentar la paz
que tanto se demora;
quisiera ser desierto, dócil
al sol,
infrecuente al oasis
e impertérrito al soplo de la arena.
Vivir las horas ciertas que el reloj
marca sin proponérselo, gozar
espacios de aleluya que anticipan
que la gloria es posible,
y nacer,
seguir naciendo cada día
para nacer del todo con la muerte.

Paisaje de la vasta azulidad
El silencio es azul;
¿por qué es azul la música también,
la espera lenta y dócil del crepúsculo,
la mentira de la veracidad
(o la veracidad de la mentira),
las paredes de la culminación
los surcos del deseo?
En medio de la azul inmensidad,
tanta repetición, ¿será aburrida?