Retablo, de Miguel Murillo.
Entra el Niño David con muchas reverencias y sin soltar su
cabeza de Goliat.
NIÑO DAVID.-¡Alegrad esa cara, padre!
PEDRO.- (Desganado) ¿Te dieron muchas limosnas por la
proclama?
NIÑO DAVID.- ¿Dineros? Un cuartillo. ¡Pero hay algo
mejor!
PEDRO.-¿Y qué hay mejor que el dinero?
NIÑO DAVID.-¡Un cristiano viejo!
PEDRO.- Deja la metáfora y suelta el cuartillo. ¿Es que
no has visto hoy a ladilloso o leproso por las poternas?
NIÑO DAVID.- Vi una rata enorme. La rata reina más grande
que se pueda imaginar.
PEDRO.-No habrás bebido…
NIÑO DAVID.-Claro que he bebido y he comido también. Y
todo pagado por un alma extranjera que espera ser recibida por usted.
PEDRO.- (Atónito y dando saltos de alegría)
¡Hijo del alma! (Besa al Niño David)
¡Bendita sea la hora de tu concepción!
¿Dónde dices que está ese extranjero?
NIÑO DAVID.-Espera en el zaguán. Espera impaciente.
PEDRO.-(No deja de besar al Niño David) ¡Bendita
sea la estirpe de David! ¡Corre a decirle que entre! ¡Me
mata el ansia de ver una cara nueva!
El Niño David sale a buscar a Gaitán.
PEDRO.-¡Dios, Dios! ¡Ya está a punto! Esta es la
hora de tu triunfo, Pedro, de tu victoria.
(Nervioso) No debe extrañarse, ni asustarse…debe sentirse
cortejado, agradado y honrado.
(Da saltos mayores) ¡Ha llegado la Redención!
¡Casi no puedo creerlo!
Entra en escena el Niño David seguido por Gaitán,
éste trae el sombrero en la mano y llega ceremonioso y humilde.
GAITÁN.-(Cae de rodillas ante Pedro y le besa los pies)
¡Señor, cosas excelsas me contó mi
acompañante de vos! Aquí está Gaitán, hijo
de Extremadura y de las tierras llamadas “contiendas” que mantienen a
portugueses y castellanos en lizas…Soy cazador de alimañas pero
hijosdalgo.
(Vuelve a besarle los pies) Y beso y vuelvo a besar porque
grande será el atrevimiento cuando os pida lo que más
apreciais.
PEDRO.-(Muy amable y complacido) Lavántate,
Gaitán, amigo y paisano. Yo no soy el más indicado para
que me beses las sandalias. (Aparte) Los pies le besaba si no
fuera descompostura.
Habéis caminado mucho. ¿Traéis sed?
¿Estáis cansado?
(Le acerca una jarra casi a la fuerza y Gaitán bebe)
¡Bebed!
(Le empuja y le sienta en un taburete) ¡Sentaos!
(Atosiga a Gaitán) Y hablad, hablad de lo que os apremia
y de aquello que me queréis pedir.
GAITÁN.-(Sin atreverse a decir lo que quiere decir)
¿Hay muchas ratas por estos lugares?
PEDRO.- (Extrañado) ¿Ratas? (Digno)
¡Ninguna!. No tengáis cuidado. Esta ciudad se honra de
haber limpiado sus alacenas de semejantes y diabólicos animales.
NIÑO DAVID.- ¡Mala memoria la suya, padre! (A
Gaitán) La vejez le transtorna el recuerdo. Aquí hay
centenares de ratas, de múltiples aspectos y colores, ratas
blancas, rojas y hasta verdes.
PEDRO.-(No se aclara) Pues no tengo conocimiento. ¿Dices
que hay ratas verdes?
NIÑO DAVID.- Esas son las peores, succionan los pechos de las
doncellas. Vinieron con la expedición maldita de Gonzalo
Ortuño, del Orinoco, según cuentan.
GAITÁN.- ¡Perfecto para mi negocio! Las blancas para hacer
manguitos de damiselas y las rojas…(Al Niño David)
¿Son muy rojas?
NIÑO DAVID.-Como la púrpura.
GAITÁN.-¡Exacto! Las rojas para capelos cardenalicios. Y
las verdes para escarpines de duques y virreyes. (A Pedro) Buena
tierra para establecerme yo y mi negocio. ¡Buena tierra y buenas
ratas!