Sudaca, de Miguel Murillo.




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CLARA.- Hoy me cobro lo de ayer y lo de hoy... total tres mil seiscientas... Cuatro mil con el lavado de ropa...
(Husmea y descubre el infiernillo)
Y dé gracias que me no cobre la luz... ¿Otra vez el infiernillo?
ROLANDO.- Disculpá, Señora Clara... el estómago anda revuelto y viene bien matear un rato...
CLARA.- ¿Hoy cena usted?
ROLANDO.- Sí... Y tocaré algo con el bandoneón... cuando acabe la película de la tele.
CLARA.- Nos canta ese tango Yo de joven bailaba el tango... tiempos aquellos. Luego le traigo la vuelta...
ROLANDO.- ¿Viste? Se me voló la plata en un momento...
(Mientras cierra la puerta)


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Cuando golpean la puerta aún me sobresalto ... como ahora. Yo digo que es un recuerdo que anda clavado en el subconsciente... Ya te lo conté... Un recuerdo de entonces, de aquel día...
Habían pasado meses del golpe... Al principio, los primeros días anduve nervioso... desorientado... eran tantas cosas.
En el Colegio... bueno allá llegaron las damas de la municipalidad. Explicaron lo de la subversión... en el Aula de Gimnasia y ante todos... alumnos de primaria, de secundaria y profesores... todos allá dentro escuchan­do a aquellas minas... aquellas viejas histéricas...
Escupían la palabra Patria... "Para el fortalecimiento de los valores que siempre orlaron a nuestra querida Patria Argentina...”
¡Patria!
!Patria!
¡Puta Patria!
A las dos semanas todo volvió a la rutina...
Yo tenía un tercer-grado de Primaria...


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(Pasa lista)


Alemán Carlos... Alvarini, Tomás; Blanco Juan Jesús; Blesa, Ramón... Carddini, Raúl; Costanelli, Francisco Eduardo; Darío, Enrique; Dulce, José Miguel; Frondisi, Víctor; ... Serena, Humberto...


(Se calla)


Serena... Humbertito...


El hijo del Sargento Humberto Serena Aguilar... Sar­gento de Caballería Mecanizada, Cuartel de Recoleta
Prácticamente no ocurrió nada con el sargento Serena ...
El niño Humberto no iba bien... sólo éso...
Te juro, Marito, que firmé el informe y lo redacté sin ningun ánimo. "El alumno Humberto Serena refleja un comportamiento irregular y su trato con los compa­ñeros y los profesores encierra una violencia que denota algún tipo de carencia afectiva..."
Dio conmigo el Sargento Serena...


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"Vos querés que mi hijo sea maricón..."
¿Yo?
Yo sólo intento que su hijo progrese y no tenga rechazo alguno...
"Vos sos un hijo de puta... uno de esos progresistas que envenenan a la juventud... Pero esto se acabó boludo de mierda... se acabó el cuento para vos y para los de tu ralea..."
Y me denunció al director...
Luego llamaban al teléfono por las noches... y me amenazaban a las niñas.
Te juro que era su voz... la voz del sargento Serena...
Una noche y otra noche y siempre...
"Hijo de puta... voy a buscarte ya mismo..."
"No dejaré ni el rastro de tus hijas... güevón".
Y yo tragando, callando para que Alejandra no sufriera...
Y aquella mañana de domingo... aquel día que jugaba el Boca Juniors... ¡qué me importa a mí ya el Boca Juniors!


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¿Los oyes, Marito?


Llegaron... Por un momento pensé que era el viejo Carlos... con sus cagadas y sus historias de fútbol...
Pero eran ellos...
(Abre y la señora Clara le entrega un billete de mil pesetas)
CLARA.- Su cambio, caballero...
(Cierra la puerta y se sienta en el espacio abuhardillado)
ROLANDO.- Me llevaron a la Recoleta... Eran cuatro soldados y el Sargento Serena... No bajó de la camioneta ni me habló...
Permaneció todo el tiempo sentado junto al conduc­tor con los lentes para el sol, como una estatua...
Al llegar al Cuartel me encerraron en una habita­ción...
Solo.
Te juro que casi no podía respirar... Los nervios me tenían paralizado y me dolía la cabeza... Las ideas me daban vueltas y vueltas sin poder fijarse en mi cerebro... sin poder poner orden a nada...
No sé las horas que pasé allá adentro...
Por un ventanuco cerrado vi caer la tarde y anoche­ció...
No sabía dónde estaba... no escuchaba a nadie...
Era domingo, fue lo primero que pensé...
Era domingo y estaban de permiso... seguro que se marcharon al estadio a verjugar al Boca y luego llegaron a sus casas para ver la televisión y acostarse...
¿Y yo?
¿Qué pasa conmigo?
¿Se olvidaron de mí?
¿Qué está haciendo Alejandra? ¿Dónde me busca... qué piensa ... ?
Alejandra me hacía en el fútbol... no estaba cuando me sacaron ... no sabía nada... incluso creía que yo simpa­tizaba con ellos... Nunca le comenté lo del niño Humbertito Serena. Era ajena...
Me puse en pie Tenía los músculos adormecidos el cuerpo agarrotado...
Una cama, mejor dicho un colchón... y una ventanilla con luz...
(Mira a la vidriera)


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¿Eh... hay alguien ahí ... ?
Al principio no oí nada... pero después... más tarde se escucharon sollozos ¿Eh... me escuchás ?
Golpead con el puño en la pared...
Yo golpeaba con miedo...
Tímidamente comenzaron a sonar golpecitos..
¿Quién sós?
VOZ DE MARIO.- ¿Eh... me escuchás?
ROLANDO.- Te escucho, decíme...
VOZ DE MARIO.- ¿Cuándo te ingresaron?
ROLANDO.- Recién... hoy mismo... hace unas horas...
VOZ DE MARIO.- ¿Ya te interrogaron?
ROLANDO.- No.
Aquí no hay nadie...
VOZ DE MARIO.- Sí hay...


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ROLANDO.- ¿Y a vos... qué le dijeron?
VOZ DE MARIO.- Nada... (Elude responder)
ROLANDO.- ¿Le interrogaron?
¿Por qué interrogan... por qué me tienen que interro­gar?
VOZ DE MARIO.- Lo hacen.
ROLANDO.- ¿Vos tenés luz eléctrica ... ?
Yo no la encuentro... ¿Dónde está la llave?
VOZ DE MARIO.-(Quejido)
Mejor sin luz... no tené prisa
ROLANDO.- Pero a oscuras
VOZ DE MARIO.- La luz quema los ojos y calienta la cabeza...
Sobre todo si te atan del cuello desde el techo sobre todo si te colocan la lámpara frente a los ojos como estoy yo... Sólo mi mano derecha libre me tapa la cara... Así me tienen desde hace una semana... todas las noches enteras...


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(Rolando se sobresalta y huye del ventanuco de vidrieras rotas)


¿Oíste Marito?
Me oriné encima... me oriné como un niño, conscien­te... sintiendo el calor de mis propios orines cayendo por mis piernas... notando el miedo... Temblando como una hoja seca... antes de caer del árbol...
Me meé... y lloré horas enteras... Eran sollozos de impotencia y de pena... ¿Por qué me estaba ocurrien­do aquello a mí?
¿Sabes una cosa?
Cuando llevaba horas, cuando creí que nunca acaba­ba la noche me entraron ganas... ganas de sentir algo... Deseé que me sacasen de allí, que me golpearan, queme insultaran, que me hicieran algo...
Deseé todo aquello y cuando lo hacía, respiraba de nuevo...
(Saca un bandoneón del armario y sale)
Bajá a cenar Marito... y te cantaré un tango en el postre...


FIN DE LA PRIMERA PARTE




SEGUNDA PARTE




Entra Rolando con su bandoneón.


Se sitúa en el espacio abuhardillado colocán­dose un pañuelo blanco al cuello como los viejos tanguistas del "Viejo almacén".


¿Viste, Marito?
Esta gente no aprecia el tango de arrabal... nunca lo entenderán... Ellos creen que el tango es como cual­qllier otra canción... como un folclore... y les da lo mismo...


Antes en la cena me pidieron un tango... Pero no supe cuál cantarles...


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Estos gallegos de mierda, el Hipólito el conserje de la pensión, Lucía y la señora Clara se creen que cantar un tango es como cantar una sevillana ... Sin sentirlo.
Cuando no se siente, el bandoneón no responde... Es así, nunca falla. El tango no es una canción... es un lamento, una queja, un llanto seco....
Te voy a contar un secreto...
Yo aprendí a tocar el bandoneón de mi abuelo, el viejo Brindisi...
Tenías que haberle escuchado...
Era un viejo grande, gigantesco... con la voz rota por la grapa y el tabaco... lleno de lunares y arrugas por todos lados... un gaucho parecía cuando hacíamos asados alguna vez en el camino de Eceiza... junto al Aeropuerto, en pleno campo... toda la familia...
Mirá como decía... "Malevaje"... tango canción. Letra de Enrique Santos Discépolo y música de Juan de Dios Filiberto... toca el bandoneón un servidor de ustedes Carlos Brindisi Acevedo... y bailan la flaca Marita y el pera José". Y después tocaba cualquier cosa...
(Comienza lentamentea tocarel bandoneón y canta el tango)


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Afuera es noche y llueve tanto.
Ven a mi lado, me dijiste.
Hoy tu palabra es como un manto.
Un manto grato de amistad....
Tu copa es ésta y la llenaste!
¡Bebamos juntos viejo amigo...!
dijiste mientras levantaste
tu fina copa de champán...!


La historia vuelve a repetirse
mi muñequita dulce y rubia...
el mismo amor la misma lluvia...
el mismo, el mismo, loco afán...
¿Te acuerdas? Hace justo un año.
Nos separamos sin un llanto...
ninguna escena, ningún daño...
Simplemente fue un adiós...
inteligente de los dos...
Tu copa es ésta y nuevamente
los dos brindamos por la "vuelta".
tu boca roja y oferente
bebió en el fino bacarat
Después, quizás mordiendo un llanto
quedate siempre me dijiste...
afuera es noche y llueve tanto...
y comenzaste a llorar...
Silencio tremendo.
Rolaiido sin moverse permanece con el baindoneón en la mano sentado en el espacio abuhardillado.


Me interrogaron, Marito...
Pero ya no sentí nada... Porque aquellos no eran hombres...
Aquel no era el Sargento Serena... nadie era nadie...
¡Qué más dá lo que ocurriera...!
Yo perdí mi dignidad... Al fin y al cabo era de lo que se trataba... Y me largaron a la calle... Como del Hotel esta mañana...
En ninguno de los dos lugares había sitio para mí...


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Es curioso lo que se puede sentir en esos momentos...
Cuando caminaba por la Avenida... en aquella ma­drugada fría mi única preocupación era el roto que tenía en el pantalón...
Fijate que no me importaba la nariz hinchada, ni el dolor de los pulmones después del buceo y el saco de plástico ... ni las manchas de sangre sobre el pecho... Era el roto del pantalón...
(Guarda el bandoneón en el armario y saca una fotografía grande de Maradoiza)
Al llegar a casa se asustó Alejandra... Ella me contó lo del viejo amigo, lo del gordo Carlos... el boludo de Carlos... el amigo de Maradona...
¿Vos no sabés que de niño Maradona merendaba los chocolates del gordo Carlos?. Yo creo que era mentira... Porque el Carlos la estaba cagando siempre con invenciones y fantasías....
Vivía a veinte metros de Caminito, frente al puerto y contaba a los turistas que era amigo de Gardel y de Evita...


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Al gordo me lo espanzurraron, Mario, me lo dejaron caer desde el helicóptero sobre el Delta del Paraná... cerca del Tigre...
Apareció enganchado en un fondeadero del chalet de unos holandeses como un sapo hinchado y podrido...
Me lo mataron... me lo mataron por boludo... por cuatro voces que dio en el Bar de un gallego una tarde de farra diciendo que para bolas las suyas y que los milicos eran pura mierda rencorosa... porque le habían negado la entrada en el Hipódromo para las apuestas cuando la militarización... por nada, viejo... pornada....
Después de aquello me vine a Madrid....
Alejandra sacó la plata ahorrada y compré un pasa­je... Y me vine.
Me vine a escuchar a esta gente... A Hipólito que me pregunta por mi casa cuando dicen en la televisión que hay un terremoto en México, en Perú o en la concha de su madre....
Ni sabe dónde está Argentina ni le importa. ¿Oíste?.


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Ala Señora Clara que se piensa que los culebrones de la televisión se ruedan cerca de mi casa... "Si, allí en Caracas... de donde es usted, aquello es grande... muy grande......”
A la Lucía que me pide coca cada vez que me ve mateando... porque todo esto, todo lo nuestro es coca pura... caballo de mierda...
A estos me vine a escuchar...
Yo pensé que como maestro, con la misma lengua me sería fácil la vida... Al fin y al cabo tenemos la misma lengua... Y pregunté por los Colegios... ¿Y sabés una cosa?
No sirve la lengua... no podés hacer nada con la lengua... aquí sólo sirve la plata... Y yo no tenía plata...
Al principio fui tirando con este bandoneón. Cantaba con el Calchaki en discotecas y salones de Barrio. Está­bamos de moda, pibe. Aplaudían a rabiar las viejas canciones y las nuevas que hablaban de política...
Cantábamos de todo ... y caía una guita para ir tirando...


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Los milicos le hicieron la guerra a Inglaterra, las Malvinas...
Menos mal que ganamos el Mundial y se vino Maradona para estas tierras.
Estábamos bien vistos...
"Ole los cojones... duro con los hijos de la Gran Bretaña... Mañana a por Gibraltar...”
Era como en el tango... como cuando oyen un tango... lo toman como una canción de fiesta... Pero aquella guerra mató a muchos...
Mirá, hice cálculos...
Alguno de mis alumnos, de los cursos superiores fueron reclutados... cumplieron la edad para el reclutamiento cuando ocurrió la Guerra...
Eran los mismos que escuchaban a las damas de la municipalidad hablar de la Patria en el salón del Gimnasio...


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Tuvieron que morir... ¿No crees?
Muchos tuvieron que morir...
Y acá te preguntaban como si estuviéramos jugando al fútbol... "¿Quién va ganando?".
¿Viste?
Como un encuentro de fútbol....


(Saca la bandera y la agita)
¡Argentina! ¡Argentina!
¡Marito Kempes... Maradona... hip, hip... hurra!


En un ataque defuria rompe la fotografía de Maradona en mil pedazos.


¡Al carajo con esta mierda!
Al carajo con la Patria, con el fútbol, con la guerra de las Malvinas... al carajo con el olor a asado, con Marado­na y con el tango.... Al carajo con todo porque todo se fue al carajo...


(Conciliador) No te asustés, Mario Tranquilo... No te asustés
Son mis cosas... fruslerías... ataques de rabia... Pero tengo mis razones...


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(Saca una carta y la lee)
Atendé...
"Querido Rolando... mi querido Rolando...
Ayer hicimos fiesta. ¿No te acordás? Era tu cumplea­ños...
Las niñas te dieron un beso en la fotografía de la mesa de noche nada más levantarse,,,


Yo hice dulce de leche y tomamos un bife de chorizo poco hecho como a ti te gusta.
Por la tarde fuimos al cine. Daban esa película..: "El estanque dorado" esa en que Henry Fonda envejece y pierde la cabeza... Las niñas me preguntaron si tú estabas ya así, viejito y canoso... Yo les dije que no, que eras joven aún, sin canas, que estabas macanudo...
La plata no llega. Todos los días aumentan los precios pero las niñas no se quejan nunca. Volteo sus abrigos de paño y sacamos lana para cambiar los sacos... Pero la plata no llega.
Yo sé que estás trabajando duro para mandarnos más plata... pero esto está muy mal...
Cuídate viejito.