Las maestras, de Miguel Murillo.

 


En 1.985, la obra Las Maestras, de Miguel Murillo, recibe el Premio Constitución de Teatro de la Junta de Extremadura. La obra fue publicada en Mérida por la Editorial Regional de Extremadura en 1.986.

Esta obra es una metáfora que representa la lucha entre la innovación y el conservadurismo inmovilista. La acción está ambientada en un colegio y sus protagonistas son tres maestras de primaria: Ani, Dora y Trini. La primera de ellas había controlado desde siempre con su fuerte carácter las voluntades apocadas de sus otras dos compañeras; pero la "paz" que reinaba en el colegio parece haberse roto tras la llegada de una nueva maestra (Laura) con "afanes reformistas"...

Murillo se sirve de planteamientos tremendamente realistas e imprime a su obra un marcado carácter de denuncia. De ella podemos decir que es una de las mejores de las escritas por su autor.


S.G.M.




ANI (Mira la caja): De su bolsillo cayó esta caja. Puede ser otra clave para aumentar el suspense. (Va a abrirla pero Dora se lo impide).


DORA: Esa caja es mía.


ANI: ¿Tuya?
¿Qué hacía esta caja en la bata de Laura?
¿Le has hecho un regalo?


DORA: Me la tenía que entregar.
Devuélvemela.


ANI: (Jugando con Dora, a Trini): ¡Misterio! ¡Misterio! ¡Qué interés tan grande muestra Dora por la caja! ¡Ah! ¡Ya caigo! La señorita Laura iba a hacer un último regalo a su amiga la señorita Dora, antes de... “morir”.
Erais muy amigas...


DORA: No juegues conmigo, Ani...
De sobras sabes cómo nos tratábamos... Dame la caja.


ANI: Te había citado. ¿O lo sabías tú todo?


TRINI (Muy furiosa): ¡Nunca te lo perdonaría, Dora!


ANI: Dora y Laura no eran amigas, eran sólo compañeras.
¿A que sí?


DORA: Es la última vez que te lo pido, dame la caja, Ani.


ANI: Entre buenas compañeras no deben existir secretos. (Decidida) Veamos lo que hay en esta caja misteriosa. ¿Cartas de amor corregidas por ella? Se le daban muy bien los asuntos amorosos.
Igual eran maniobras que urdíais las dos para atraer de nuevo al viejo teniente.




(Dora intenta forcejear con Ani pero ésta es superior en la lucha).


TRINI (Impaciente): ¡Abre la caja, Ani!
Estoy deseando ver esas cartas de amor...


ANI: Igual no son cartas de amor y se trata de un asunto más delicado.
¿Píldoras anticonceptivas?
(Trini estalla en una carcajada bestial) Te ensuciarían el estómago... a tu edad. (Al abrir por fin la caja da un grito de espanto y la arroja lejos de ella) ¿Qué es esto? (Mirando ahora detenidamente lo que ha caído al suelo) Juraría que son insectos...


TRINI: (De rodillas sobre lo que ha caído al suelo): Dos insectos... dos cochinillas de la humedad... i Pegadas!


ANI (Alterándose de una forma casi artificial): ¡Están copulando!
¡Qué mierda!
(Trini mira curiosa a las cochinillas).
(A Dora con severidad) Exijo una explicación, Dora. ¿Qué hacen esas dos cochinillas de la humedad copulando tranquilamente en la sala de profesores?


DORA (Quiere coger las cochinillas que corretear unidas por el suelo): Es una experiencia de Ciencias Naturales.
Necesitaba realizar esa experiencia y Laura me ayudó. Me citó para entregarme la caja. Y ocurrió el incidente.
(Se resigna a perseguir a las cochinillas) Ahora se ha estropeado todo.


ANI (Asqueada profundamente): Desde luego tienes el alma enferma, Dora. Te excitas con cosas abominables.
El viejo teniente debió adivinar que tras tu porte de maestrita insignificante se encerraba sin duda una ninfómana.
¡Mira que traer en una caja a dos bichos inmundos copulando!
¡Vergüenza debería darte!
TRINI (Sigue el juego de acoso a Dora, entre divertida y cínica): Pueden pensar de ti que eres partidaria del amor libre...
¿Qué diría la Asociación de Padres de Alumnos? Nunca me imaginé que tuvieras estas manías...


DORA (Molesta): Nadie tiene que decir nada de nada. Repito que era una experiencia de Ciencias Naturales y Laura se me ofreció para encontrar cochinillas de la humedad.
Son hermafroditas.


ANI: ¡Lo último!
Una maestra que enseña a los niños las técnicas sexuales de las cochinillas de la humedad! ¡Esa es la influencia de Laura, por supuesto! Todo se contagia. Sin duda te habrá hablado de la importancia del sexo en la Escuela. Es un tema que la priva.
Y tú, tonta de ti, se lo permites. Primero te enseña las cochinillas y luego... ¡vaya usted a saber! (Se da cuenta de que bajo sus pies corretean las cochinillas. Dora también lo observa y comienza a inclinarse para recogerlas).
(Ani, con un pisotón calculado, mata a las cochinillas) ¿Quieres acabar como ella?


TRINI: Ha perdido la razón en lo mejor de la vida.


ANI (Ríe diabólica): ¿Perder la razón?
Es muy lista. Ahora sí que se puede decir que ha llegado a la lucidez.
Ante lo que se le viene encima, ante el momento de rendir cuentas quiere ofrecer una imagen que inspire piedad.
Veréis mañana cómo cuando entre en el Consejo con los pasos titubeantes, las vendas sobre los ojos y el rostro contraído más de uno se estremece e incluso puede que hasta el señor inspector tenga un rasgo de misericordia para con ella.
Es su último recurso. La compasión.
(A Dora) Entonces pondrá una de sus manos sobre tu hombro, Dora, y no podrás negarte a favorecerla.
Te ayuda a buscar insectos lujuriosos. Es una buena compañera.


DORA: Quería explicarles a esos niños la reproducción de los seres vivos. Se contempla en los programas del Ministerio.
El año pasado el señor inspector me amonestó por no tocar el tema.
Es algo muy delicado que rechazo de plano... pero el señor inspector...


TRINI: Si hubieras escogido la Religión no te verías en este problema, pero te las das de Científica...


ANI:Todo con tal de contentar al señor inspector. ¿Y la decencia?
Cuando una ley es injusta es preciso negarse a su cumplimiento.
De vez en cuando hay que transgredir la ley.


DORA: So y una funcionaria.
Pedí ayuda a Laura porque a mi edad hay cosas que se hacen cuesta arriba.
Yo también soy inocente...


ANI (Burla): ¿Inocente tú?
¿Tan decrépito estaba el viejo teniente?


DORA: No me gustan esas bromas tuyas.


ANI (Escupe odio): Y a mí tampoco me gustan determinadas cosas.
De modo que mañana se reúne el Consejo de la Escuela para juzgar una conducta extraviada y tú llegas a esta sala con un experimento asqueroso.
Parece como si quisieras insinuarnos algo. ¿Aún no te has decidido?
Sólo tienes que escoger una alternativa. Ella o nosotras.


DORA (Abatida): No creo que sea para tanto, Ani. Me conocéis bien y sabéis mis muchas faltas. Pienso atropelladamente, pero sin mala intención. Puede que sea una cobarde. Continuamente busco la forma de entrar con dignidad en mis clases. Es algo que necesito, me pueden esos niños. Es la verdad. No sé si es que yo no les entiendo o que no sirvo para este trabajo. Antes era todo más fácil... yo cosía con mis niñas por las tardes rezando el Rosario a coro. Ahora me exigen que explique la reproducción. Los niños saben de sobra que soy incapaz y me fuerzan a que lo haga.
Son crueles conmigo.
Me pueden. Cuando entro en el aula es como sí no hubiera entrada nadie. Hablan entre ellos, se golpean, fuman y corren por entre los pupitres.
Permanezco todo el tiempo en mi rincón sin poder elevar la voz. ¿Qué otra cosa puedo hacer?


TRINI (Con piedad casi instintiva): Siempre has sido una gran maestra.


DORA: De nada sirve que me engañes. (Señalando los retratos de alumnos que hay en la pared) Ninguno de ellos me recuerda. Y lo que es peor, cuando traen a sus hijos a la escuela dicen convencidos: Ahora sí que puedes aprender algo.
Yo era parte de su tiempo, pertenezco a esa otra época que quieren olvidar.
Nadie quiere recordar a la señorita Dora.


TriNi: Dices tonterías. Por Navidades te hacen regalos.


DORA: Un frasco de agua de colonia. Empiezo a tener mis dudas.
No me importa reconocer que la juventud tiene otra forma de ver las cosas.


ANI: Tu incapacidad es lastimosa. ¡Qué espectáculo tan deplorable!


DORA: ¡Es la verdad!
Fijémonos en Laura. No le faltan a clase nunca. Sus métodos consiguen atraerlos.
Por esa razón le pedí ayuda.


ANI: ¡Estábamos nosotras!
Somos tus compañeras.


DORA: ¿Cómo me iba a dirigir a vosotras para que me prestaseis ayuda con lo de la reproducción?


ANI: ¿Desconfías de nuestra preparación?
Para explicar la reproducción y para darle su máximo sentido sólo hay un camino: La moral católica.
Dios está detrás de todo eso.
Por supuesto que sin tener que acudir a ejemplos obscenos.


TRINI: Tengo un método catequístico, en el que se pone como ejemplo a la Santísima Virgen.
Utilizando diapositivas y música clásica se alejan de la mente de los alumnos los malos pensamientos.


ANI: Y si no se tiene a mano nada práctico se elude el tema y se explica la reproducción de los helechos. Todo antes que caer en situaciones como ésta.


DORA: Me siento culpable. Nunca más volveré a caer en esta falta de prudencia.
No pienso seguir explicando el tema. Podéis estar tranquilas.


ANI: Por mí no lo hagas... Cada uno es responsable de sus actos.
Lo que lamento es la facilidad con que te ha llevado a su terreno.
Me espanta tu debilidad, soy sincera. Creo que una sociedad con maestras fuertes Y equilibradas puede llegar a diferenciar lo podrido de lo sano. Las pusilánimes como tú son responsables de tanta lacra social que llena plazas y calles hoy en día. Se puede asegurar que un drogadicto es el fruto de una maestra que le dejó hacer lo que le venía en gana.
De pequeños quieren caprichos y de mayores heroína. Aunque asalten bancos para comprársela.


TRINI: Bancos y farmacias.


ANI (A Dora, con crueldad): Quien te aconsejó que fueras maestra carecía del mínimo sentido del ridículo.


TRINI: ¡Mujer!


DORA: Puede que tenga razón. Sólo sé que me hice maestra para salir de un pueblo aburrido y cumplir el deseo de mi difunto padre.
¿Qué iba yo a saber de heroína y de reproducciones?