Poesía
en la tierra, de Manuel
Pacheco.
EL
SOL NUESTRO DE CADA DÍA
El sol nuestro de
cada día
que no se nuble
hoy
y que brille más
que nunca
para que canten
los pájaros del cielo,
los pájaros
de la mujer
y los pájaros
del hombre;
para que calienten
los harapos
de ese pobre de
pedir limosna,
los pies de ese
niño descalzo
y los pechos de
esa muchacha.
El sol nuestro de
cada día
que no se nuble
hoy
para que se
calienten
las manos de todos
los hombres
y no se muerdan en
el odio del frío
en las noches
sombrías de las guerras.
El sol nuestro de
cada día
que no se apague
nunca.

PARA
CURAR LA POESÍA
Al hombre le
dicen:
Tienes
que definirte,
es
peligroso ser tú,
tienes
que firmar documentos,
teñirte
el alma de un color.
Tener
a punto tu carnet de identidad.
Tienes que
cumplir las leyes establecidas
aunque
esas leyes carcoman tu alma.
La proporción
es directa
como describir el
ojo podrido
de la civilización
de nuestro siglo XX.
Los matemáticos
desnudan
los números,
los quedan en los huesos
y hacen pruebas
para que todo salga exactamente bien.
Las pruebas de la
poesía salen siempre mal,
porque si el grito
numeralmente humano de la poesía
saliera
matemáticamente bien, no sería exacto.
Entonces, poetas,
creo, creemos,
que para curar la
poesía
no sirve la
belleza.

BUENAS
NOCHES
Aunque las
muchachas
tengan violines en
los pechos,
las parejas se
hagan el amor,
la mujer siga
pariendo
la esperanza del
hijo,
los niños
sostengan en sus juegos
la luz de la
poesía
y el sol inunde
con sus llamas
la nieve de los
cuerpos:
¡Buenas
noches!
Faltan mil siglos
para nacer el día.

AL
NIÑO DEL VIETNAM
Niño de
carne amarilla
y de pupilas
alertas
como un cervatillo
herido
huyendo de selva
en selva.
En tu país
Nochemala,
¿dónde
está la Nochebuena?
Los asesinos del
cielo
cantan en Vietnam
la guerra.
Tu Belén es
la muerte,
la soledad y la
tristeza.
Desnudo y huérfano
estás
llorándole
a las estrellas
mientras los
hombres que matan
celebran la
Nochebuena.

AL
NIÑO NEGRO
Ese niño ha
nacido
en el mes de
diciembre,
cabaña de
suburbio,
sucia la nieve.
Pero no vienen
los reyes magos
para ofrecerle.
Pero no vienen
la mula ni el
buey.
No hay mulas ni
bueyes
en Nueva York.
Ese niño ha
nacido
para el dolor.
Piel sin blancura.
El blanco tendrá
miedo
de tu estatura.

POEMA
EN SEPTIEMBRE
En la mañana
de septiembre
piso una carretera
empapada de agua,
miro en la cuneta
un gato muerto
y no sé si
su sangre la han vertido
las ruedas de un
coche
o la navaja azul
de un asesino.
Se mezclan las
palabras,
están
comunicando en un raro sonido
y los hombres no
entienden
lo que dicen.
Hablamos de
mensajes del espacio
y llevamos las
manos tendidas
hacia el muro de
la niebla
que empapa con su
baba todas las escrituras.
Se dice en
matemáticas que dos más
dos son cuatro
y en el abstracto
nombre de los números del alma
dos más dos
pueden ser dieciséis
o un hombre
fusilado
o una mujer
desnuda
o un niño
convertido
en una antorcha
olímpica.