El bebé furioso, de Manuel Martínez Mediero.




(Harry se apoya en Dolly. Harry es un tipo todavía joven pero con cierto aire de derrota. Algo así como una hermosa ruina descuidada. Lleva una cartera muy vieja y una aspiradora eléctrica. Se abriga con un viejo y raído abrigo de color pardo y un bufanda roja).


DOLLY.-Te lo vengo diciendo: necesitamos un piso nuevo para que el bebé pueda crecer sin traumas...
BEBÉ.-Qué finos...
HARRY.-Ya, ya lo sé, pero nadie te obligó a llenar la casa de baúles y cosas. Podríamos vaciarla y empezar una vida nueva, Dolly...
DOLLY.-Veo que sigues igual de tacaño.. Claro, mien­tras llegues a casa y te encuentres con una esclava, qué im­porta todo lo demás... (Llora con gran aparato y ficción).
HARRY.-Te juro Dolly que estoy destrozado. Hoy no he conseguido colocar una sola aspiradora eléctrica. He tenido un día negro.
DOLLY.-(Deja de llorar). Ah, hoy no has vendido una sola aspiradora, ¿no te da vergüenza?
HARRY.-He hecho todo lo posible.
DOLLY.-Seguro que has estado en Wall Street o en algún burdel sindical, mientras tu mujer y tu hijo espera­mos el pan nuestro de cada día.
HARRY.-Te juro que he estado todo el día al pie del cañón. Necesitaba dinero para pagar la letra del nuevo automóvil, pero ha sido un gran fracaso.
DOLLY.-¿Qué me importa a mí lo que tú necesites? Claro, el caballero se ha comprado un nuevo automóvil pen­sando sólo en sus necesidades. ¿Es que ya se te han olvi­dado las bocas que tienes en casa?
HARRY.-Procura calmarte o empiezo yo también a dar veces.
DOLLY.-Me paso el día haciendo más números que el Canciller del Tesoro para sacar esta casa adelante, y he to­mado una decisiva decisión, Harry. Desde ahora en adelante y en vista de que no sirves para nada, vas a ser tú el en­cargado de darle las papillas a este mamón mientras yo me dedicaré al espionaje y a la investigación privada. (Trans­portada). Esta casa es como un barco encallado al que he de sacar con mi esfuerzo a flote.
HARRY.-Te ruego que me repitas todo eso, bla, bla...
DOLLY.-No tengo que repetir nada. Ya me has oído, si no te has vuelto sordo de ayer para hoy.
HARRY.-Dolly, querida, si lo que pretendes es montar­me uno de tus acostumbrados shows familiares para desaho­garte, está bien, pero si te pones bestia yo me hago el ca­racol porque este niño no es mío y allá te las apañes con él...
BEBÉ.-¡Cornudo!
HARRY.-Y tú te tragas el chupete...
DOLLY.-Capaz serías de pegarle a la criatura.
HARRY.-Esto no es una criatura, es un bolchevique, o no lo oyes...
BEBÉ.-Si yo no soy de aquí, que me lleven a mi casa de verdad.
HARRY.-Ya lo estás oyendo.
DOLLY.-Ya ves lo que has conseguido: crearle un trauma.
BEBÉ.-Ponme unas bragas en la maleta, que me voy.
DOLLY.-¿No se te conmueve el corazón?
HARRY.-Me ha llamado cornudo.
BEBÉ.-Es para chinchar.
DOLLY.-Pero si es un santo.
HARRY.-Para que me chinchen estoy yo hoy.
DOLLY.-Y tenía que ser hoy y delante de él cuando te saliera el honor.
HARRY.-A mí el ,honor me sale porque llevo sangre de reyes...
DOLLY.- Que te gusta armarla.
HARRY.-YO llegué en son de paz, pero este niño comu­nista me desespera...
DOLLY.-Son de paz, son de paz. Pero si tú admiras a Nixon. Dinero es lo que yo quiero, que ya ves cómo se nos ha quedado la casa de pequeña sin poder reponer nada...
HARRY.-Pero si lo que sobran son repuestos...
DOLLY.-Ahorro es lo que necesitamos y es lo que dice la televisión, pero tú te paras en todas las esquinas con todos los borrachos de Londres.
HARRY.-TE voy a partir la boca, Dolly. (Se quita un zapato asomándole el dedo gordo por delante de los calce­tines). Mira como tengo el dedo gordo de recorrer casas y hacerles la prueba de la aspiradora.
DOLLY.-(Con desprecio). Estoy al tanto de tus corre­rías. Sólo vas a las casas donde sabes que te puedes acostar con alguna furcia.
HARRY.-NO te digo que no lo haya hecho alguna vez, pero fue después de venderle una aspiradora, como era mi obligación. A eso en Inglaterra se le llama profesionalidad.
DOLLY.- Golfo...
BEBÉ.-¡Profesional!
HARRY.-Este se traga el chupete.
DOLLY.-¿Y el día del negro ... ?
HARRY.-¿Qué pasó ... ? Que le vendí la aspiradora... No me gustan los moralistas, Dolly sobre todo cuando como tú tantas cosas tienen que callar.


BEBÉ.- Qué show.
DOLLY.-En definitiva, Harry, como estamos en una sociedad de libre empresa, he tomado la decisión de no ser más sujeto de explotación ni entrar en el martirologio.
HARRY.-Tienes libertad para hacer lo que te venga en ganas. (Pausa). ¿Me das algo de comer? Estoy muerto de hambre.
BEBÉ.-(Crítico e intencionado). Ay, ¿por qué no ha­bré nacido yo dentro de una familia pudiente de esas que rezan unidas ... ?
DOLLY.-Tiene razón el Bebé.
HARRY.-Sí, tiene razón, pero que se vaya a la m...