Badajoz, Puerto de Mar, de Manuel Martínez Mediero.

 


(Acto único)


(Mariano está con una especie de sudario sobre un lecho blanco con los pelos revuel­tos y desesperados. Mari Pili está en camisón a su lado mirándolo con un tremendo cinismo. Mariano es un producto de la época. Es decir es un hombre sin un sólo senti­miento aunque intente demostrar lo contrario oyendo a Pavarotti en Una Furtiva Lácrima. En un momento estelar Mariano llora sin lágrimas furtivas).


Mariano.  ¡No, no y no... ¡ No puede ser. Esto que me ha pasado a mí sólo le pasa a un dios de segunda... A un mierda... Sí, eso es lo que soy, una mierda, un error de mi madre...

Mari Pili.  Deja a tu madre en paz, Mariano... Qué culpa tiene la pobrecilla... Bastante tuvo con parirte que hasta necesitaste fórceps...

MARIANO.  Bueno, por mi cabeza...

MARI PILI.  Se supone...

MARIANO.  Pues ya ves que no ha servido de nada. Una cabeza privilegiada... Ya lo decía mi tío el presbítero de Azuaga... Todo el mundo reconoce mi valía menos... (Llora.)

MARI PILI.  Deja de llorar, Mariano, me crispas los nervios... (Mariano se asusta.) (Intenta ponerse amorosa.) Entiéndelo. No te puedo ver sufrir. Soy muy sensible, Mariano, bien lo sabes... Sé lo que has sufrido para llegar hasta donde has llegado...

MARIANO.  ¿Tú crees que he llegado?

MARI PILI.  ¿Es que no te ves colgado por todas las paredes de Badajoz? Mariano Robledo no promete, ejecuta... Eso es importante, Mariano, para los dos...

MARIANO.  (Con la mirada perdida y cerrado el puño.) Y eso que aún no he llega­do al poder...

MARI PILI.  Pero llegarás, Mariano, llegarás...

MARIANO  Llegaré, llegaré, pero cuándo..

MARI PILI.  Pronto, Mariano, pronto...

MARIANO.  Pero si han sacado el sesenta por ciento y yo sólo el tres...

MARI PILI.  Por algo se empieza... Los gitanos no quieren a sus niños con buenos principios.

MARIANO.  Sí, pero yo no soy un niño.

MARI PILI.  En política sí, Mariano, en política eres un querubín.

MARIANO.  ¿Un querubín? ¿Y qué es un querubín en política?

MARI PILI  Pues algo así como un niño rubio con las mejillas sonrosadas... Estás todavía muy tierno...

MARIANO.  (Algo molesto) ¿Pero eso es bueno, o malo...?

MARI PILI.  Es bueno porque demuestra que eres espontáneo y es malo porque no tienes ideales.

MARIANO.  ¿Que no tengo yo ideales con el dolor que me produce España?

MARI PILI.  El dolor no es un ideal.

MARIANO . Me duele España, y sobre todo Badajoz porque las quiero a las dos muy guapas.

MARI PILI.  Lo que te duele de verdad son las dos úlceras que has sacado de la últi­ma campaña electoral (Pausa). Querer a España o Badajoz guapas sólo es una buena intención de principio.

MARIANO.  Mi programa era un sueño de haberlo podido llevar a cabo.

MARI PILI.  ¿Qué pensabas hacer?

MARIANO.  Iba a hacer unos urinarios públicos; aparcamientos subterráneos; segu­ridad ciudadana; bonos para los pensionistas más desfavorecidos; enseñar a los perros a hacer sus necesidades en los desagües; luchar contra la corrupción municipal; un equipo de baloncesto con dos negros de Harlem...

MARI PILI.  ¿Y el programa de Marín, qué prometía?

MARIANO.  Lo mismo y un planetario... ¿Comprendes mi dolor? Este dolor no tiene parangón posible. Te puede un amigo tuyo despreciar y sentirás un dolor intras­ferible, pero el dolor del desprecio de la ciudad donde tú has nacido prefiriendo a otro por ti, es un dolor cósmico imposible de expresar...

MARI PILI.  Bueno, pero ya no tiene remedio...

MARIANO.  Ya, ya sé que no tiene remedio, pero ¿qué tiene Marín que no tenga yo...?

MARI PILI.  Te vas a matar con ese sufrimiento...

MARIANO.  Y encima las encuestas demuestran que el triunfo se lo ha dado el voto femenino para más inri.

MARI PILI.  Pero si es un ser repulsivo.

MARIANO.  Ser apuesto ya tampoco sirve de nada... Marín hace minas, que lo he visto yo.

MARI PILI.  Qué asco... ¿Cómo es posible?

MARIANO.  No hay respuesta posible. Y la imagen para qué contarte. Marín en Badajoz era conocido por el niño lobo.

MARI PILI.  ¿Por el fulgor de sus ojos...?

MARIANO.  Creo que por su envergadura. Como puedes comprender eso es algo que yo no lo puedo asegurar.

MARI PILI.  Tú tampoco estás mal dotado si no fuera porque te vienes abajo en las elecciones.

MARIANO.  Pero no llego a los cuarenta centímetros.

MARI PILI.  No te lo estoy reprochando.

MARIANO.  Pero me lo reprocho yo. Esto es otro castigo que me ha mandado Dios.

MARI PILI.  Pues tranquilízate porque yo no necesito tanto. Lo importante en la vida es tener un gran corazón y el tuyo es inmenso.

MARIANO.  Sí, dame ánimo que ni por esas. Estoy sumido en la noche más larga y más negra.

MARI PILI.  En cuanto nos vayamos de veraneo a Figueira da Foz se te olvidará todo. Allí frente al mar recobrarás la alegría interior que siempre tuviste y que no pue­des perder por unas elecciones. El mar es como una goma de borrar. Un demócrata de pura cepa como tú no se achica por unas elecciones perdidas, por el contrario debe de dar gracias a Dios de que se puedan celebrar.

MARIANO.  Es que yo les prometí hacer navegable el río Guadiana. Nada más y nada menos que traer el mar a Badajoz.

MARI PILI.  ¿Eso les prometiste también? ¡Qué imaginación!

MARIANO.  Sin resultado ninguno. Prefieren un charquito de agua que les prometa Marín al mar de Robledo. ¿Qué verán en mí? Debo tener moscas en la cara.

MARI PILI.  Marín es maestro nacional. En nada os diferenciáis...

MARIANO.  ¿No le dará vergüenza a Marín?

MARI PILI.  Tú también eres maestro nacional.

MARIANO.  Por eso lo digo. Y todo esto porque mi padre no me dejó ingresar en Telefónica. Si yo fuera de la Telefónica otro gallo me cantara. La Telefónica hubiera llenado mi vida...

MARI PILI ...De cables... Tienes que tomar un complejo vitamínico, Mariano, se te van las ideas...

(Suena el timbre de la casa).

MARIANO.  Me parece que llaman... No, no estoy para nadie... Me siento muy feo. No quiero que nadie me vea.

(Se tapa con la almohada).

MARI PILI.  Te vas a poner idiota, Mariano... Es lo que te faltaba, ponerte idiota ahora. (Va a salir.) Me dará rabia que digas incoherencias. (Sale.)

MARIANO.  ¿Quién será ahora? ¿Un periodista? No quiero recibir periodistas que no tienen piedad de nadie... Necesito que el mundo se olvide de mí... Un periodista en estas circunstancias daría una imagen caótica... Lo recibiré leyendo El Capital de Marx; no El Capital de Marx, no, El Divino Impaciente... Mejor algo de Tamames que es más frívolo... (Revuelve sus libros). Camino, El Divino Impaciente... Tamames... (Hace como que lee a la espera de la aparición)... Qué bonito lo que dice...

(Aparece Mari Pili).

MARI PILI.  Es Ramírez, tu secretario general... (Aparece Ramírez que no sabe qué hacer. Mira tímido a Mariano. Por fin rompe la timidez).

RAMIREZ.  ¡Ra, ra, ra, Robledo, Robledo y nadie más... ! MARIANO.  Ramírez, Ramírez, siempre tan fiel...

RAMIREZ.  (Intentando transmitirle cierta alegría, canta una jota extremeña) Eres más chica que un huevo y ya te quieres casar anda ve y dile a tu madre, que te ponga a trabajar.

MARIANO.  Ramírez, Ramírez, siempre con la sonrisa en los labios. Cómo emocio­na verte.

RAMIREZ.  Eres único Mariano...

MARIANO.  ¿Cómo están los muchachos...?

RAMIREZ.  Con la moral más alta que nunca. No nos ha derrotado el enemigo sino la televisión que está en manos del poder.

MARI PILI.  ¿Quieres una cerveza?

RAMIREZ.  No te molestes... Sólo quería ver a Mariano y lo veo con toda entereza.

MARI PILI.  Jamás lo he visto tan convencido de sus ideales.

RAMIREZ.  Es una fuerza de la naturaleza.

MARIANO.  En las próximas venceremos.

RAMIREZ.  De eso quería hablarte.

MARIANO.  Me apabullas, Cayetano.

RAMIREZ.  Pero no sé cómo decírtelo.

MARIANO.  ¿Qué tienes que decirme?

RAMIREZ.  He decidido profesar en la Trapa...

MARIANO.  ¿En los chocolates?

RAMIREZ.  No, en la orden.

MARIANO.  ¿Pero, qué estás diciendo?

RAMIREZ.  Mi mujer y mis hijos me han abandonado. MARIANO.  ¿Tú estás oyendo, Mari Pili?

MARI PILI.  Tengo el corazón a doscientos...

MARIANO.  Evidentemente es un hecho que desmoraliza bastante.

MARI PILI.  Bueno, y por qué te han tirado como si fueras una colilla de Celtas cortos...

MARIANO.  Indudablemente debe de haber una razón de peso.

RAMIREZ.  Porque dicen que estoy muy antiguo...

MARIANO.  (Como un basilisco) ¿Y siendo de un partido tan progresista como es el nuestro, no le has partido la boca...? Hasta ahora no se ha enterado la burra de tu mujer que nuestro partido es el único que ha prometido hacer desaparecer la mili si llega al poder...

RAMIREZ.  Mi mujer no lee esas cosas... Ella la antigüedad la mide por la bragueta.

MARI PILI.  Como debe ser...

MARIANO.  (Mirándola como un miura.) Calla, calla, que tú a veces pareces de la oposición.

RAMIREZ.  La verdad es que yo lo he intentado, incluso he tenido una amante de quince años...

MARIANO.  Joder el antiguo... ¿Desde hace quince años una amante?.

RAMIREZ.  Tiene ahora quince años. Se llama Marisol y es de segundo de BUP... Me la repasó el amante de mi mujer que es de COU.

MARI PILI.  Joder, que habéis puesto una guardería...

MARIANO.  Bizco estoy. Te pasas una vida haciendo un programa de gobierno y se queda antiguo enseguida...

RAMIREZ.  Has dado en la llaga. A mí la que me gusta es mi mujer... Rosa está for­midable... Marisol tampoco está mal. Es joven, anarquista, sicópata y con síndrome de abstinencia, pero donde se ponga Rosa... Rosa se coge unas borracheras en la Moska... ¡Qué moscas...! Y qué graciosa se pone... Pues las dos están enamoradas de Marín, el niño lobo de la Plazuela de la Soledad...

MARI PILI.  Leches, ¿qué tendrá ese Marín...?

MARIANO.  ¿Pero a qué Marín te refieres...?

RAMIREZ.  Al Tigre de la UGT...

MARIANO.  ¿A Marín...? ¿A Marín, Marín...?

RAMIREZ.  ¿A Marín...? ¿Te pasa algo con el?

MARIANO.  Es decir, que a ti también te gusta Marín... Nos dan por culo en unas elecciones y tú qué bonito es Marín.

RAMIREZ.  Somos demócratas, ¿no?

MARIANO.  Lo serás tú, imbécil...

RAMIREZ.  No te lo tomes así.

MARIANO.  ¿Pero tú has mirado a Marín a los ojos?

RAMIREZ.  Hombre, hace minas...

MARIANO.  (Con un odio de guerra civil del 36.) Marín tiene que morir. Lo he jura­do delante de la Virgen de la Soledad y lo cumpliré. ¿Qué tienes que decir?

MARI PILI.  Oye, eso no me lo has jurado a mí nunca.

MARIANO.  Tú hace tiempo que has dejado de ser virgen, Mari Pili.

RAMIREZ.  A mí me da todo ¡plin!

MARIANO.  Entonces haces bien en presentar la dimisión de secretario general de partido. Dándote todo ¡plin! no se puede ser más que lo que eres, un cornudo impre­sentable.

RAMIREZ.  Lo que soy es una persona decente, pero ser decente no se lleva. Tengo un hijo con SIDA, una hija ninfómana y una mujer borracha, pero yo soy decente...

MARI PILI.  Yo creo que Ramírez hace bien en irse a la Trapa.

MARIANO.  Así cómo nos iba a votar nadie... Cayetano, eres una piltrafa humana, decente, pero una piltrafa humana. Yo no sabía a qué echarle la culpa de nuestro des­calabro electoral pero ahora lo veo todo muy claro. Tengo que darte un gran disgusto: he dado orden de que se te abra un expediente por el comité de disciplina. Anda, vete con Dios... Qué peso me has quitado de encima...

MARI PILI.  Te estamos muy agradecidos, Cayetano, sobre todo por la salud que le devuelves a Mariano que se creía culpable de la derrota electoral y se estaba volvien­do majareta.

RAMIREZ.  Pues mira, si con mi desgracia he podido ayudaros en vuestra felicidad, no hay mal que por bien no venga.

MARIANO.  Bueno, estoy realmente muy recuperado y feliz. Ahora si que voy a ver un adversario implacable. No pararé hasta traer el mar a Badajoz. Badajoz será puerto de mar y Marín, que sólo quiere pívots negros de baloncesto para Badajoz, caerá como una mariposilla del Guadiana... ¡Marín, ésta será tu última tentativa, te voy a hacer ragú... !

MARI PILI.  Deja ahora a Marín, Mariano, si todavía te quedan cuatro años por delante...

RAMIREZ.  Bueno, yo no os molesto más... Yo, yo desde la Trapa rezaré porque se cumplan los deseos de Mariano.

MARIANO.  Pero hasta dentro de cuatro años, ¿cómo voy a poder soportar la ima­gen de Marín...?

MARI PILI.  Bueno, ahora nos vamos a Figueira da Foz y allí se olvida casi todo... Allí estarán los Cancho, los Merinos...

MARIANO.  Si yo he prometido el mar a Badajoz, ¿cómo me voy a ir a Figueira que tiene un mar portugués...? Además, allí sólo va la derecha...

MARI PILI.  Así no verás a Marín...

RAMIREZ.  Anímate, Mariano, seguro que en Figueira da Foz sigues recuperándote de este traspiés...

MARIANO.  Por tu culpa y la de tu familia no me ha votado nadie. Hasta he podido suicidarme con el amor que le tengo yo a Mari Pili...

MARI PILI.  Bueno, bueno, sin exagerar, Mariano...

RAMIREZ.  Pero ahora soy yo el que está al borde del suicidio. MARIANO.  Hombre, si te vas a la Trapa, allí que se sepa no se ha suicidado ningún monje.

RAMIREZ.  No me negarás que no es una cabronada que me tenga que ir a un monas­terio para que pueda subir en las próximas elecciones diez o quince puntos el partido...

MARIANO.  Siempre tiene que haber un mártir que dé un ejemplo y un sentido a nuestra vida.

RAMIREZ.  Bueno, te haré caso, pero préstame veinticinco mil pesetas.

MARIANO.  ¿Veinticinco mil...?

RAMIREZ.  Pesetas...

MARI PILI.  Oye, qué fresco...

MARIANO.  ¿Y para qué quieres veinticinco mil pesetas si en la Trapa sólo vas a necesitar alimentarte de verduras y poner tu alma en derechura hacia el cielo?

RAMIREZ.  No os he dicho nada, pero padezco una terrible enfermedad.

MARI PILI.  Le ha pegado su hijo el SIDA.

MARIANO.  ¡Ramírez, qué vergüenza...!

MARI PILI.  Este tío no falla a nada malo.

MARIANO.  Pero hombre, nunca nos dijiste nada... Y la de besos que nos dabas a todos en la reuniones de la ejecutiva.

RAMIREZ.  Tengo otra enfermedad si cabe más grave. (Mari Pili y Mariano están aterrados.)

MARIANO.  Oye, a ver si vas a tener la rabia...

RAMIREZ.  Tengo la enfermedad de la democracia: la tragaperra. (Mariano y Mari Pili se miran.)

MARIANO.  Será la salmonella...

RAMIREZ.  La tragaperra.

MARIANO.  Jolín, cómo está la medicina.

MARI PILI.  Está peor que el comunismo.

RAMIREZ.  Necesito veinticinco mil pesetas diarias para gastármelas en máquinas tragaperras. Ni el SIDA, ni el narcotráfico, ni el Papa... (Saca una navaja.) Dadme veinticinco mil pesetas, esto es un atraco... No puedo esperar más...

MARIANO.  Mira que vas a ir al infierno, Cayetano...

RAMIREZ.  Creéis que soy gilipoyas... Vamos, la pasta... o la vida.

MARIANO.  Dale las veinticinco mil pesetas...

RAMIREZ.  Rápido... ¡Más rápido que no aguanto más... ! (El síndrome de Ramírez es un síndrome de abstinencia vulgar y corriente)... Vamos, vamos... (Ríe, llora...).

MARI PILI.  ¿Las quiere sueltas o en billetes de cinco mil...?

RAMIREZ.  ¡Las quiero como sea... ! ¡Trae. .. ! . .. (Las coge y las besa apetitosa­mente)... Ya, ya tengo para hoy... Oh, qué bonitos, qué bonitos... Ja, ja, ja... Y lo que voy a disfrutar, mamones... Son mías, son mías... Ja, ja, ja... (Sale, pero vuelve.) Gracias, gracias... Prometo rezar por vosotros cuando esté en la Trapa... Adiós... (Sale entre carcajadas).

(Mariano y Mari Pili se quedan como vacíos.)

MARIANO.  ¿Tú entiendes algo, Mari Pili...?

MARI PILI.  No te vaya a dar ahora un acceso de moralista.

MARIANO.  Es que yo necesito aferrarme a algo... Cuando era niño nada me impor­taba porque cerraba los ojos y veía a mi Jesús...

MARI PILI.  ¿Y ahora...?

MARIANO.  Ahora cierro los ojos y sólo veo Bonos del Tesoro...

MARI PILI.  Y por qué no miras a tu alrededor... (Le enseña un muslo.)

MARIANO.  (Mira.) No veo nada... Estoy vacío... Tengo los ojos vacíos y no veo nada... Sólo me quedan las cuencas...

MARI PILI.  Y yo, qué coño... ¿Tampoco me ves a mí...?

MARIANO.  Ah, es verdad, estás ahí... Tú, tú me quieres, ¿verdad Mari Pili...?

MARI PILI.  ¿Pero eres idiota o qué...? ¿En pleno final de siglo me vas a pedir que te quiera...? La ideología de tu partido te ha dejado idiota para siempre.

MARIANO.  Es verdad. Ya no me acordaba que quererse es una cosa muy antigua...

MARI PILI.  Vamos a follar, a vivir, a irnos a Figueira da Foz... a la mierda, tío... Pues sí que te la vas a coger con un papel de fumar...

MARIANO.  Sí, vámonos a un sitio que no vea a Marín... Badajoz va a terminar conmigo...

MARI PILI.  Pues entonces vamos a Figueira da Foz... El mar lo borra todo...

(Se transforman. Ya están en la playa desnudos y con gafas negras delante del mar. Se oye el mar con fuerza.)

MARIANO.  (Delante del mar como un perfecto gilipollas.) No pararé hasta llevar el mar a Badajóz.

MARI PILI.  Deja de sufrirte... Mira, allí están los Merinos...

MARIANO.  El día que lleve el mar a Badajoz será otra cosa... Ese día se morirá de envidia Marín... ¿Te lo imaginas...? El mar llegará de puntillas como haciendo cade­neta y besará el sexo del Guadiana. Entonces el Guadiana dormido en los llorones de la isla de los monos se despertará jadeante y harán el amor por los siglos de los siglos. Sólo entonces merecerá la pena vivir en Badajoz...

MARI PILI.  (Que ni lo atiende ni nada.) Qué cosas se te ocurren Mariano... (Oteando el horizonte.) Estoy convencida de que este año se ha venido Badajoz en pleno a Figueira da Foz... Qué gentes más ordinarias...

MARIANO.  Se han venido todos buscando el mar... La sangre que llevamos de con­quistadores no se puede aguantar... Nos vamos a la mierda con tal de huir de nosotros mismos... Pero no sirve de nada. Al final todos nos encontramos en Figueira da Foz o en Isla Cristina... Todos menos Marín que suele ir a Harlem... Todos los negros que hay en Badajoz se los trae Marín de Harlem...

MARI PILI.  . ..Están todos los médicos del Infanta Cristina con las enfermeras y los cela­dores... Y los profesores de instituto que son los más morenos... Hasta las marías vienen en güatinai de la UVA... Estamos todos... El mar de Badajoz será distinto. Será un mar con olitas para que se puedan bañar también los maricones, que también son hijos de Dios...

MARIANO.  Será un mar para todos... Para todos menos para Marín que lo contra­taremos de mono para exponerlo en la isla de su nombre...

MARI PILI.  ¿Y si Marín también estuviera en Figueira da Foz ...?

MARIANO.  Lo mataría. Aquí mismo lo mataría con una faca portuguesa... MARI PILI.  (Con miedo.) Mariano... (Con temor.) Mariano...

MARIANO.  Qué, Mari Pili...

(Por el centro de la sala y como si mismamente saliera de entre los ojos de buey de las olas aparece un hombre lobo chorreando agua.)

MARI PILI.  Que, que, que Marín también ha venido este año a Figueira da Foz...

MARIANO.  No jodas... ¿Dónde está...?

MARI PILI.  Ahí...

MARÍN.  Hola, Mariano...

MARIANO.  ¿Pero eres tú, Marín...? ¿Te has atrevido a venir después de mi jura­mento.. .?

MARÍN.  Aquí estoy...

MARIANO.  No sé, no sé si eres un desvarío o un mal sueño... Pero te voy a matar... No te soporto... Qué feo eres... (Saca la faca portuguesa.) Estamos todos aquí por tu culpa... Yo, yo le ofrecí el mar a Badajoz...

MARÍN.  Deliras... Lo importante es que el ciudadano pague los voladizos y la basura...

MARIANO.  (Loco) ¡Muereeeeeeeeee... !

(Y el que muere es Mariano de un ataque al corazón. Mariano ha quedado en el suelo con los ojos vueltos.)

(Marín y Mari Pili se miran.)

MARI PILI.  Hola Marín, guapo...

MARIN.  Ven aquí negra... (Y la muerde los pechos.) (Mientras se hace oscuro total.)