Tengo una muñeca
Tengo una muñeca
vestida de azul,
con zapato blanco
forrado de tul.
Y media calada,
de estilo andaluz,
y cuerpo escotado
con su canesú.
La saqué a paseo,
se me constipó;
la tengo en la cama
con mucho dolor.
Dos y dos son cuatro,
cuatro y dos son seis,
seis y dos son ocho
y ocho dieciséis.
Y ocho veinticuatro,
y ocho treinta y dos:
ánimas benditas
me arrodillo yo.
Me gustan los pollos,
digo la verdad,
si son elegantes
y de sociedad.
Pero si son cursis,
¡qué calamidad!
en el mismo instante
calabazas dan.

Quisiera estar tan alta
Quisiera estar tan alta
como la luna,
¡ay, ay!,
como la luna;
para ver los soldados
de Cataluña,
¡ay, ay!,
de Cataluña.
De Cataluña vengo,
de servir al rey,
¡ay, ay!,
de servir al rey,
con licencia absoluta
de mi coronel,
¡ay, ay!,
de mi coronel.
Y al pasar el arroyo
de Santa Clara,
¡ay, ay!,
se me cayó un anillo
dentro del agua,
¡ay, ay!.
Por sacar el anillo
saqué un tesoro:
¡ay, ay!,
una Virgen del Carmen
y un San Antonio
¡ay, ay!.
San Antonio bendito,
dame un marido,
¡ay, ay!,
que no fume tabaco,
ni beba vino,
¡ay, ay!,
ni vaya a la taberna
con sus amigos
¡ay, ay!.
Que me compre una torre,
de chocolate,
¡ay, ay!,
las campanas de plata;
¡qué disparate!

Catapún, chin, chin
Si te dan chocolate,
pun, catapún, chin, chin,
tómalo, boba,
que la reina de España,
pun, catapún, chin, chin,
también lo toma.
-Si te dan chocolate,
tómalo, tomaló,
que la reina de España
también lo tomó.
(Badajoz)

No quiero coche
No quiero coche,
que me mareo,
quiero tartana
y me cuneo.
Porque en los coches
van las señoras
y en las tartanas
las labradoras.
(Provincia de Cáceres)

Al pasar la barca
Al pasar la barca
me dijo el barquero:
-Las niñas bonitas
no pagan dinero.
Y al volver la barca
me volvió a decir:
-Esta morenita
me ha gustado a mí.
-Yo no soy bonita
ni lo quiero ser;
tome usté el dinero
y déjeme usted.

Don gato
Estaba el señor Don Gato,
alepúm,
en silla de oro sentado,
alepúm, catapúm, catapúm:
cuando vino la noticia,
alepúm,
que tiene que ser casado:
alepúm, catapúm, catapúm,
con una gatita blanca,
alepúm,
hija del gatito pardo,
alepúm, catapúm, catapún.
Y se puso tan contento,
alepúm,
que se cayó desmayado
alepúm, catapúm, catapúm.
Llamaron a siete médicos,
alepúm,
y otros siete cirujanos,
alepúm, catapúm, catapúm;
dijeron que estaba muerto
alepúm,
y por muerto le dejaron,
alepúm, catapúm, catapún.
Ya le llevan a enterrar,
alepúm,
por la calle del pescado;
alepúm, catapúm, catapúm,
y al olor de las sardinas,
alepúm,
el gato ha resucitado,
alepúm, catapúm, catapúm.
Dando un salto de la cala,
alepúm,
se ha metido en el mercado,
alepúm, catapúm, catapúm;
robando una pescadilla,
alepúm,
porque estaba desmayado,
alepúm, catapúm, catapúm.
Entonces salió corriendo,
alepúm,
de un modo desesperado,
alepúm, catapúm, catapúm,
por tirar la calle arriba,
alepúm,
tiró por la calle abajo,
alepúm, catapúm, catapúm,
tropezando con un perro,
alepúm,
que le arrancó medio rabo,
alepúm, catapúm, catapúm,
le echó las tripas al aire,
alepúm,
después de haberle besado,
alepúm, catapúm, catapúm,
y entonces quedó bien muerto,
alepúm,
como en la guerra el soldado.
Tomadas de Bonifacio Gil, Cancionero infantil, Madrid, Taurus, 1981.