Aventuras
de Dick El Parisien, pirata de oficio, de
Leandro Pozas.
(Ante el decorado
de los cuadros anteriores hay instalada una elda de cuento con un
camastro en el que están sentados la BRUJA y DiCK. Están
abatidos).
DICK: Es
increíble, es inaudito. ¡Por cien mil barriles! (Se
levanta). Yo, el pirata más bravo de todos los tiempos,
Dick «El Parisién», el valiente, encerrado como un
vulgar ratero. Si me vieran los viejos lobos de mar, se morirían
de risa. He de salir de aquí como sea o reventaré. ¡Por
el gran rayo verde! ¡Oh...! ¡Qué furia! ¡Qué
vergüenza! Tengo que salir. He de escaparme. Contigo, por
supuesto.
¡BRUJA:
Dick, así, nada solucionarás, cálmate. La calma
hay que conservar.
DICK: No puedo
calmarme. Así me desahogo. Si pudiera, me comería
los barrotes y me fugaría. Seguro. Maldito príncipe Pe.
Juro que me las ha de pagar todas juntas.
BRUJA: Cálmate.
Esta desgraciada circunstancia aprovechar debemos. Dentro del
castillo por fin estamos. Averiguar debemos lo que pasa aquí.
Cerca de un descubrimiento grande estamos. Seguro. La clave
estar debe aquí.
DICK: ¡Maldita
sea! ¡La clave, la clave..., la clave ¿de qué?!
BRUJA
(Levantándose): Escucha: El mundo todo lo sabe, desaparecen
los niños, las ovejas desaparecen. ¿A parar dónde
van? Los niños yo no tengo, jamás los raptaría.
Tampoco las ovejas come el Lobo, vegetariano es. ¿Dónde
están niños y ovejas? Dime...
DICK: ¡Qué
sé yo, por las tres carabelas de mi abuela!
BRUJA: Has de
saberlo.
DICK: Nunca lo
sabré.
BRUJA: Seguro. Un
poco piensa.
DICK: No, no lo
sé. ¡Por Morgan el pirata!
BRUJA: Piénsalo
y lo sabes.
DICK: ¿Se
fueron de excursión?
BRUJA: No.
DICK: ¿Se
metieron a piratas?
DICK: No, seguro
que no.
DICK: ¿Se
escaparon de casa?
BRUJA: Tampoco.
DICK: Pues, no
sé...
BRUJA: Que los
niños están aquí yo creo.
DICK: ¡¿Cómo?!
BRUJA: Y a este
castillo las ovejas vienen a parar.
DICK: ¿Qué?
BRUJA: La sospecha
hay que comprobar, ¿de acuerdo?
DICK: De acuerdo.
¡Claro! ¿Cómo no se me había ocurrido? Sí,
sí, claro, aquí estarán. (Pausa). Anda, ¿y
por qué?
BRUJA: Fácil.
Se comerá las ovejas el príncipe Pe y su chusma toda de
cortesanos y palaciegos.
DICK: ¿Y
los niños?
BRUJA (Duda): No
sé. Para algo los quiere. Todavía para qué no
sé.
(Entra ahora un
MARINERO despistado. Vestido de blanco, con gorrito y todo).
MARINERO (Se
cuadra ante Dicx): A sus órdenes, mi capitán. Se
presenta el Marinero, para lo que haga falta.
DICK (Extrañado,
a la BRUJA): ¡Voto a Neptuno! ¿Qué hace falta?
BRUJA: NO lo sé.
DICK: No nos hace
falta nada, ya puedes irte.
MARINERO: No
quiero irme, me estaré aquí para lo que haga falta.
DICK (Se busca en
los bolsillos): No nos falta nada, ¡voto al loro!
MARINERO: ¿Estáis
seguros de que no os falta un marinero?
DICK: ¿Para
qué?
MARINERO: ¿Esto
no es una obra de teatro?
DICK: Sí.
¿Y qué?
MARINERO: Con
todos los respetos, señor. Yo soy el Marinero de las obras de
teatro.
DICK: Está
bien, está bien. Pues..., vete a otra. ¡Por todos los
rayos! Nadie ha pedido un marinero. Además, en esta obra
estamos ya muy ocupados.
MARINERO: De
acuerdo, señor. No os entretengo más. A sus órdenes,
mi capitán.
(Va y viene). ¿Por
dónde se va a otra obra?
DICK (Dudando): No
lo sé... Por... por allí...
MARINERO: Gracias,
muchas gracias, amables personajes. Adiós. (Sale).
DICK: ¡Uf...!
¡Si haces caso, se te llena la obra de gente. ¡Qué
barbaridad!
BRUJA: ¡Verdad
es!
DICK: En fin,
sigamos con lo nuestro. ¿Por dónde íbamos?
BRUJA: Un plan
tenemos que trazarnos.
DICK: ¡Ah,
sí! Un plan... Pero, ¿cuál?
BRUJA: Habrá
que pensarlo.
DICK: Pues,
pensemos, ¡voto al loro! (Piensan).
BRUJA: Que lo
tengo ya, creo.
DICK: Cuenta,
cuenta...
BRUJA: Muy fácil
es. Escucha... (Le habla al oído).
DICK: ¡Por
diez centellas! ¡Es genial!
BRUJA: A la obra
manos, entonces...
DICK: ¿Y el
Lobo?
BRUJA: Ningún
cuidado hay. De donde está encerrado nos enteramos y lo
libero yo misma.
DICK: De acuerdo.
Hagámoslo por nuestro juramento pirata.
BRUJA: Por el
juramento pirata y... nuestro amor. (La BRUJA se tiende en el
camastro).
DICK: ¿Preparada?
BRUJA: Preparada.
DICK: ¿Lista?
BRUJA: Lista.
DICK: ¡Ya!
BRUJA (Muy
exagerada): ¡Ay, ay, ay, ay, ay...! ¡Ay, qué sed!
¡Socorro! ¡Socorro! ¡Ay, cuánta sed! ¡Que
de sed muero! ¡Ay, ay, ay...! ¡Ay, qué sed más
gorda! ¡Que se me pega la lengua al paladar! ¡Ay, qué
sed! ¡Que la garganta me abraso! ¡Socorro! ¡Auxilio!
¡Tened piedad de mí! ¡Quiero agua, mucha
agua, toda el agua...! ¡Ay, que me da, que me da el arrechucho!
¡Que me da mucho! ¡Socorrooo...!
DICK (En la
puerta): Ya viene.
BRUJA (Lo mismo):
¡Ay, ay, ay...! ¡Quiero agua, mucha agua, toda el agua!
¡Socorro! ¡Auxilio!
(Entra el
CARCELERO, un ser jorobado y deforme, vestido con un jubón y
sobre la cabeza una enorme capucha).
CARCELERO: ¡Ya
va, ya va! (Abre). ¡Chirrín; chirrán! ¿Qué
pasa? ¿Qué gritos son esos? Van a despertar a las
criaturas.
BRUJA: ¡Agua!
Quiero agua. Dadme agua. Traed agua. ¡Ay, qué sed!
CARCELERO: Está
bien, está bien. (Sale y vuelve con una vasija). Toma agua.
BRUJA (Bebe): ¡Ay,
qué tonta sed tenía!
DICK: Siempre es
tonta la sed, ¿verdad, Carcelero?
CARCELERO: Bueno,
yo... no sé. Nunca he ido a la escuela.
DICK: Por eso,
precisamente.
CARCELERO: Sí,
claro, claro, ¡cómo no!
DICK: ¿Llevas
mucho tiempo en el oficio?
CARCELERO: Bueno,
sí... Desde que era niño.
BRUJA: ¡Qué
barbaridad! ¿Alguna vez has sido niño tú?
CARCELERO: Bueno,
sí... Una vez. Hace tantos años que casi no me acuerdo.
DICK: Es lo normal
entre gente botarate.
CARCELERO: Sí,
claro, claro, ¡cómo no!
BRUJA: Nuestro
hermoso Carcelero, ¿se llama cómo?
CARCELERO (A
DICK): ¿Qué dice?
DICK: Que cómo
te llamas.
CARCELERO: Bueno,
sí... NO sé, tampoco me acuerdo.
DICK: Es un gran
tipo este hombre, ¿no te parece, Brujita?
BRUJA: Por
supuesto, pirata apuesto.
CARCELERO: Oye...
¿tú eres un pirata?
DICK (Ofendido):
¡Voto al loro! ¿No se nota?
CARCELERO: Bueno,
sí... No sé...
DICK:
Efectivamente, soy un terrible pirata... Un bravo pirata como ya no
quedan...
CARCELERO: Sí,
claro, claro, ¡cómo no!
BRUJA: Sabemos que
un Carcelero encantador eres.
CARCELERO: ¡
¿Sl? !
DICK: Sí.
BRUJA: Sí.
CARCELERO: ¿Sí?
BRUJA: Que sí,
hombre, que sí. En el reino de otra cosa no se habla.
CARCELERO: ¡Qué
alegría!
BRUJA: No es nada
eso...
CARCELERO: ¡
¿No?!
DICK: No.
BRUJA: NO.
CARCELERO: ¿NO?
BRUJA: Que no,
hombre, que no.
DICK: En efecto,
se dicen muchas cosas de tí.
CARCELERO:
¿Cuáles?
DICK: Pues...,
verás..., por ejemplo: que tú sabes del castillo más
que nadie en todo el reino.
CARCELERO: Sí,
claro, claro, ¡cómo no!
DICK: Pues...,
cuenta, cuenta.
CARCELERO: Bueno,
no... No sé si debo...
BRUJA: Debes,
debes...
CARCELERO: ¡¿Sí?!
DICK: Sí.
BRUJA: Sí.
CARCELERO: Sí,
claro, claro, ¡cómo no!
DICK: Cuenta,
cuenta.
CARCELERO: ¿Qué
cuento?
DICK: Un cuento.
CARCELERO: ¿Qué
cuento?
DICK: Este, por
ejemplo: Erase una vez... un príncipe que vivía en un
castillo muy, muy grande... Este príncipe se llamaba Pe, y...
CARCELERO: ... se dedicaba a raptar niños. Los raptaba para
hacerlos soldados y tener un poderoso ejército cuando pasaran
los años y así, nadie podría nunca con él.
El castillo estaba lleno de niños por todas partes. Pero,
a esos niños había que alimentarlos...
BRUJA: ¿Cómo
alimentarlos?
CARCELERO: Bueno,
sí... eso. ¿Cómo alimentarlos?
DICK: Cuenta,
cuenta.
CARCELERO: Sí,
claro, claro, ¡cómo no!
BRUJA: ¿Cómo
alimentarlos...?
CARCELERO: Bueno,
sí... Muy fácil. Por la noche se robaban las ovejas a
los pastores del reino para dar de comer a los niños. Pero...
¿quién cargaba con las culpas de todos estos
desmanes..?
DICK: ¿Quién?
BRUJA: ¿Quién?
CARCELERO: Bueno,
sí. Muy fácil. A la Bruja se le echaban las culpas de
los secuestros de los niños.
DiCK: ¿Y
las ovejas?
CARCELERO: Bueno,
sí... Más fácil todavía. Se le echaban
las culpas al Lobo del bosque. Pero...
DICK: ¿Pero...?
BRUJA: ¿Pero...?
CARCELERO: Bueno,
sí. Pero, un día, los súbditos del príncipe
se dieron a pensar que no eran la Bruja y el Lobo los ladrones.
Entonces el príncipe, para que la gente siguiera creyendo que
eran los culpables, los mandó lejos, muy lejos, al destierro,
por malvados... Y, colorín colorado, este cuento se ha
acabado.
DICK: ¿Seguro?
CARCELERO: Sí,
claro, claro, ¡cómo no!
DICK: No, verás,
sigue así: la Bruja y su compañero, un pirata que venía
de allende los mares, fueron encerrados en una celda del
castillo. Pero... ¿qué fue del Lobo? ¿Dónde
lo encerraron?
CARCELERO: Bueno,
sí... En otra celda.
DICK: ¡Por
los siete mares! ¿En cuál?
CARCELERO: Sí,
claro, claro, ¡cómo no!
BRUJA: Venga, dl.
CARCELERO: Bueno,
sí... El Lobo, como era un animal, fue encerrado en la
celda número 1.345, la celda de los animales.
DíCK
(APlaude y se hace daño con el garfio). ¡Ay! ¡Muy
bien, muy bien! ¡Cuánto nos ha gustado tu cuento!
¿Verdad, Brujita?
BRUJA: Sí,
precioso ha sido. é
CARCELERO: ¿De
veras?
DiCK: De veras.
BRUJA: De veras.
CARCELERO (Saluda
con una inclinación): Gracias, muchas gracias. ¿Queréis
algo más?
DICK: ¡Qué
Carcelero más simpático!
BRUJA: Sí,
algo más queremos. ¿Mi escoba podrías traer? Es
para barrer, ¿sabes? Muy sucia está esta celda.
CARCELERO: Sí,
claro, claro, ¡cómo no! (Se va y vuelve con la escoba).
BRUJA
(Cogiéndola): Gracias, gracias muchas, guardián
amable.
DICK (Ríe):
¡Qué simpático! ¡Por las cien mil gaviotas!
(La BRUJA con la escoba encanta al CARCELERO).
CARCELERO
(Sonámbulo): Tú mandas, yo obedezco.
BRUJA: Al príncipe
Pe ve a ver. ¿Enterado?
CARCELERO
(Monótono): Tú mandas, yo obedezco.
BRUJA: Que Dick
«El Parisién» desea verle le dices. ¿Enterado?
CARCELERO: Tú
mandas, yo obedezco.
BRUJA: Que el
pirata quiere darle el plano del tesoro le dices. ¿Enterado?
CARCELERO: Tú
mandas, yo obedezco.
BRUJA: Pues, anda,
vete.
CARCELERO: Tú
mandas, yo obedezco. (Se va como un autómata).
DICK: Fabuloso,
¡por todas las galernas! El plan dio resultado.
BRUJA: A buscar al
Lobo en la 1.345 voy.
DtcK (Enamorado):
Ten mucho cuidado.
BRUJA: Por mí
no te preocupes.
DiCK: No quiero
que te pase nada. ¿Enterada?
BRUJA (Cómica):
Tú mandas, yo obedezco. (Besa a Dicx). Suerte.
DICK: Suerte,
Brujita. (Se va la BRUJA. Drcx queda desafiante, esperando al
PRÍNCIPE). Cuando quieras, príncipe energúmeno.
Aquí te espera el más arrojado pirata que surcó
los mares. Tu suerte está echada. (Sale el PRINCIPE PE,
regio y orgulloso).