El
libro de las murmuraciones, de
José Antonio Zambrano.
POR
ESO
Por eso he
descartado el nenúfar
del vicio.
Orientación silícea
de ayuda
descubierta. La noche, dulce ámbar,
apresura el calado
del musgo descendido.
Abierto, mudo
libro de inaprensibles horas;
un descenso de
atmósfera, una oscuridad pétrea
que gravita y
sumerge mi aceptada cadencia.
Son siempre los
recuerdos, el paso de la luz,
la manopla
candente de atavismo. Esto cierro,
renazco. Un
espíritu apunta
su visible pasado
y su futuro.

PRESENCIA
García Lorca
Menos espero si
contesto a tu nombre.
En el olvido la
luz pensando en ti,
estremecido y luto
está lo hermoso,
el juego de tu voz
y las gardenias
de tu huerta. ¡Qué
contrarios los astros,
oscuro remitente
de una esencia
cursada a los
ahogos! Todo existe
donde la vega
anida la gracia
y la tristeza. Al
lado de las manos
el romero engalana
las ternuras
y expira el viento
turdidor de huecos
que te busca en la
luz de tus ojeras.
Granada va
partiendo en caravana,
sigue una flor
uncida a lo sombrío.