La
mitad del sueño, de José
Antonio Zambrano.
1
TODO SE ha
estremecido en este día de nadie.
La libertad es una
murmuración de pájaros
que vuelan en un
mismo lugar,
mientras sobre mis
manos
el tiempo va
dejando un testamento de humo
que pretende
acercar
el olor de lo
viejo.
Pero no atinan los
ojos
con la certidumbre
de las cosas.
Tal vez sea el
destino.
horadando el
temblor que ve crecer la hierba,
el que mantenga
anónimo
el coro frío
de la voluntad.
Hora es ya más
que nada
de regresar ¡oh
mundo!
a tu entorno de
silencios.
2
Sucede que las
cosas
me llevan de un
lado para otro.
Que entornan la
claridad de no beso
y agonizan antes
de ser aprendidas
convenientemente.
Sucede que alguna
vez
aparece un tiempo
sin horizontes,
un desvaído
tiempo
que acorta el
balbuceo de la nada
y cierra en su
color
el otro lado donde
todo existe.
Sucede, al fin,
que la canción
distancia
esta tregua de
pájaro
como un alijo de
aire,
como una balsa
que aligera su
peso de mar
y hunde en su
anarquía
el humor
desdichado de la muerte.
3
A veces me hago
preguntas
que preservan una
contestación fácil,
una respuesta que
pretende un diálogo
sin forma,
como si una luz
taponase 1as rendijas
de una constancia
figurada,
y el sonido de lo
preciso
fuera el polvo que
levantan los pasos.
Pero este trato de
insistencia
en uno mismo
pesa,
porque soporta
poco tiempo su verdad
y porque este
comienzo de destrucción
es también
la voz que engendra
una palabra de
nadie.
A veces me hago
preguntas
desde el
hundimiento secreto
que exige el fondo
de todo lo irremediable.
4
Quedaos con la
mitad
de mi
pensamiento.
Pero dejadme la
otra mitad:
la que roza al
aire en su vuelo
un pájaro
indiferente al orgullo,
y alza sobre las
cumbres
su colmo de
libertad.
Pregunté
una vez
por el misterio
del cielo.
Una parte de los
hombres
me dijo aceptase
su infinitud
con todos los
sentidos.
La otra,
juntando sus manos
a un tiempo,
bajó sus
ojos a la tierra
e inició un
canto sereno
de rebeldía.
Fue la primera vez
que sentí
turbado el silencio.