Como una presunción, de José Antonio Zambrano.




A TIENTAS


La claridad que no comienza nunca,

olvidadiza y cauta

como zarzal vareado,

pulsa la obscenidad de mi inocencia

y su compás con algo de rincones

se pierde en las laderas de lo humilde.

Y más que nada,

para el placer tardío,

esa naturaleza estremecida

del cuerpo,

suave de vaivenes,

sin historia o venganza que ofrecer,

sólo ese fresco riesgo de quererse

y el pecho incontenible de tumultos.


¿Cómo pedir consuelo

si el polvo de otros labios

se alza sobre mi frente?


No hay significación para este rito

que acepta la ternura,

su instinto de buscar en la distancia

del pasado,

fugacidad que templa un nuevo nacimiento

llega a tensar las varas del insomnio.

Nadie ha perdido todo en la memoria;

lo que es vivir

se libra en los canchales del silencio,

conspirando sudarios, veneración de espera,

y este sino colmado de rendijas

sin otro son que el vicio de vivirlo.