Fabulario,
de José
Antonio Ramírez Lozano.
TAPIZ
Un hilo de oro te sustenta. Fueran,
Hernán de Zúñiga, entramándote
tus cabellos, los finos
lebreles y caballos, ese palco
boloñés y hasta el gesto
de honra con que miras
cruzar los años en Uffizi. Un cabo
tan sólo de tu trama
desbaratada el gesto, esa manera
de valerte que el hilo
de la historia tejiera y que depende,
como tu misma fama, de un instante.

NOVICIA
No conoce su cuerpo. El ojo le arde
en ciega purgación y ella no puede
mirarse. Ni buscarse
siquiera este escozor que está sintiendo
bajo el hábito. Carne
ceremonial, unge su voz, se signa
cada intento. Tocarse
la humedad de sus pechos, desnudarse
sería su pecado. Le ha picado
la tentación de nuevo y la novicia
se revuelca rascándose, ha tirado
los hábitos al suelo. Ni cilicios
ni rezos fue su mano
quien apagó aquel fuego y cuando luego
se ha encontrado desnuda no ha podido
resistir su pasión y se ha besado.