Descartes mentía, de José Antonio
Gabriel y Galán.
1
Todas las cosas
hasta las que nunca tocaste
se acumulan en tu espacio
sediento
y así se va formando
un gran escarabajo de fuego
en el que me consumo
cada noche.

2
Yo sé bien que te amé
y luego todo se hizo tan
disperso y lejano,
tantas veces perdí la
memoria al querer ordenar los recuerdos.
Estás en la distancia,
debajo de algo mío,
de mis pies, de mi búsqueda,
rumorosamente a mis espaldas.
Ninguna prueba es válida
en tu contra,
necesito saber qué pasó
entre nosotros,
los hijos son apenas testigos
de su propio nacer.
Levantamos sin más un
mundo
enardecido en su momento
que duraría hoy
vagamente inmortal hasta la
muerte:
¿fui yo su dictador o su
asesino?
Imposible creer que fue una
historia que brotó de mi boca,
mis alucinaciones son espejos
sin nombre
y tu nombre perdura.
No se trata de un mito
acongojado
ni de voces que van formándose
en las grutas
a partir de la nada.
Si tanto he soñado y he
perseguido
es porque vi y creí,
aunque ya no pueda
descifrar cómo llegaste
a ser, ni qué ocurrió
con tu cuerpo dormido ni con
las sensaciones
que juntos adquirimos algún día.