Razón
del sueño, de
José Antonio Gabriel y
Galán.
LA
MAQUINA DE LAS HORAS
Vulnerant
omnes, ultima necat
Con su
gran colección de relojes,
su
memoria en relojes,
su
instrumental de cirujano del tiempo,
la
miniatura de sus dedos,
el
salón donde el silencio aparece minado
entre
cortinas densas, palpitaciones,
lámparas
amarillas y columnas de humo,
entre
ruedas, esferas, guillotinas,
grabados
y espoletas,
el
ángel del reloj del sol,
la
clepsidra, la arena sigilosa,
movimiento
fugaz de cada rayo
desde
el amanecer a la penumbra,
y
entretanto
el
terco coleóptero,
el
reloj de la muerte, así llamado,
carcome
lentamente
el
último ventanal,
la
proster voz.

SABIDURÍA
DE SOLÓN
Habida
cuenta de las circunstancias
y de
que la vejez conduce al aforismo,
desearía
morir bañado por el llanto
dejando
en mis amigos una estela
de
contrición.

9
Nunca
hubiera estimado más tus caricias
que en
esta última hora del invierno,
cuando
estalla en tus ojos el fin de la marea.
Fortalezco
mis sueños con la reiteración
del
agua sobre el acantilado,
allí
donde revienta la pesadilla
del
tiempo sobre tu vientre.
El
hielo en los cristales se hace voz
de
amanecida, y recurro
al café
humeante, como en aquellos días
perdidos
del
viaje inaugural.
DUDAS
SOBRE BLAKE
The
fire, the fire in falling
(W.
Blake)
A
J. M. Caballero Bonald
1
Blake
escribió:
«Siempre
me ha parecido que los ángeles tienen
la
vanidad de hablar de sí mismos
como
los únicos sabios».
Yo digo
más:
todo
ángel es una sombra de hombre,
se
aferra obscenamente a su cuello,
Hablan
con una convicción nacida del expolio,
una
seguridad robada a cada hombre.
Y
tienen la insolencia
de
consolarle por la vacilación en que le sumen,
y gozan
hostigando
la
huella de su paso por él.
Nadie
puede acallar
ese
habla altanera
a
nuestra espalda
con la
que se edifican
las
doctrinas angélicas.
2
William
Blake se ufana de transformar al ángel en
haraposo
y al
demonio en poeta,
la
rueda sigue, el orden
es caos
en reposo,
y
viceversa, y el poema
jamás
es responsable del papel que le asignan,
pues
todo personaje
sólo
tiene de vida la representación.
Cuando
Blake bajaba a los infiernos tan sólo
chamuscaba
su
mano, el oleaje
de su
palabra.
Usó
bonete rojo, era una ofrenda
a la
Revolución Francesa que afilaba sus dardos
al otro
lado del canal,
el
Terror fue una inmensa explosión gentilicia.
Blake
hundió sus manos en la cripta maligna
-como
quien se pasea por un sueño simbólico-
y las
sacó repletas de dudas y de cuerpos.
ÚLTIMO
NAIPE
Hay
veces en que un naipe descubierto al desgaire
conduce
a la melancolía.
En la
última carta siempre asoma la nada,
se
percibe su larva,
se
arrastra entre caballos macilentos,
gime al
amanecer,
se
recogen las pérdidas, el humo,
y un aroma de muerte pasea entre las mesas.