Un país como éste no es el mío, de José Antonio Gabriel y Galán.



VII


Tanto fue aquel silencio sólo roto por negros caracteres
en los muros,.
Vigilantes del tiempo perseguían a muerte a los pintores.
Mudez de todo un pueblo,
ascensión a los sueños,
los gritos en los sótanos,
la madrugada terca.
Nos ha contaminado el artificio,
pero nuestra pasión es menos frágil
porque es muda
y no puede apelar a la elocuencia.


Y si alguien se atreve en estos tiempos
a exhibir su alegría
que la tumben de un tiro entre los ojos
públicamente.







XI
Ninguna conferencia de naciones puede recomponer
viejos discursos,
fueron firmados siete protocolos,
junto a siete papeles secantes,
graves reservas se inscribieron en las siete sonrisas,


el equilibrio del terror es una antigua convicción,
que ya aparece fresca en las grutas de Ajanta
y en el abismo oblicuo de Lascaux
donde el hombre recuerda su séptima congoja,
su penetrar sanguíneo,
no hay museo que pueda con los templos,
los dioses se refugian en el arte de la persecución
y un poco de locura puede pesar más
que las siete palabras de mil depredadores.


Mirando atentamente, ¿qué garantías hay de volver algún día?