Prisma, de Eugenio Frutos.
DECORACIÓN
Un humo de tren borra
las sierras del telón.
Una casa sonámbula
se peina la baranda de un balcón.
Los árboles disponen sus atriles
en torno del chalet.
Y la lluvia ha borrado
la música de ayer.
Estribos los balcones,
toma el viento las casas como un tren.
Una luna-objetivo
proyecta una película sobre tu mirador.
Tu mirador, pecera
de las constelaciones.
Aviso:
NO HAY FUNCIÓN.
Nuestra protagonista
se embarcó -sensación-
esta tarde en la música
-barca remera- de mi acordeón.

LLUVIA
La raqueta del viento
empuñó la mañana.
Hay un tennis de nubes en el cielo.
Nubes rotas.
El viento ha fracasado.
LLUEVE
Y ha volado
Tu cantar que anidaba en los tejados.
Tu ventana
se pone el antifaz de la persiana.
La cruz abrió el paraguas:
un árbol del sendero.
Los pájaros se posan en sus hombros
y doblan tu recuerdo.
TU RECUERDO
Humo de tren mojado
se refugia en tus manos.
ATENCIÓN
El director de escena
nos cambia el decorado.
El día
Sorprendido
aprisa busca el sol en sus bolsillos.
Se puso su monóculo
y el paisaje miró regocijado.
A través del reloj
le observa el campanario.

VERANO
Cada casa es un bock recién servido
con espuma de trajes
en todos los balcones.
Sólo un auto prosigue su viaje
con un solo farol:
Diógenes buscando al superhombre.
En los últimos pisos
reclaman el sifón del ascensor.
***
Se sirve los cock-tails de las verbenas
la tarde endomingada.
Con el ventilador de un aeroplano
la ciudad se abanica las fachadas.
Por emularle las veletas giran
anclas equivocadas
sobre sus campanarios,
- barquilleras de fiesta improvisadas
por ángeles traviesos.
***
Sólo mi hélice aguarda
que algún viento marino
le traiga el vuelo de tu vela blanca.

CICLÓN
Llegó el ciclón, tocando
la sirena del puerto,
como barco a la vista que anunciase
su arribo al valle quieto.
El agua de los ojos se me ha roto:
estanque de las ranas del recuerdo.
Empuñando el volante de los árboles
hace al paisaje muerto
tomar la curva rápida del día;
y al alba, rapta el campanario al pueblo.
Las calles se despiertan
cantando en los aleros:
Va cogida del talle,
desdoblando senderos,
la torre sin campanas,
novia del viento.
Sus puentes, al azar, dispara el río.
Las veletas, por fin, alzan el vuelo.
La sala abandonada
abre sus puertas al ciclón viajero.
Y mientras las ventanas aletean
el ciclón baila un vals con los recuerdos.
***
Tus manos, planeadoras de los días,
se posan en mis hombros al regreso;
el ciclón ha enrollado
telegramas perdidos a tus dedos.
Han frenado tus ojos al paisaje.
Se despliega un telón de campo nuevo.
Y abrocha la mañana el horizonte,
anudado a tu cuello.

FIESTA
Tiran un lazo al campanario las miradas
que tramaron un rapto de luceros.
Hoy los ruidos
bordarán mi silencio.
Y se percibirá en los aeroplanos
el hormigueo
del gas carbónico ascendente
de la conversación.
Bautizando el momento
se agita un esquilón.
Y parece esperarse
que, a su señal,
la locomotora de la iglesia
sacuda su paro secular
y, a un silbo de veleta,
bajo un penacho de humo de campanas,
arranque rumbo a Dios,
arrastrando detrás nuestras miradas
como a la sombra el Sol.
Como un lazo la trenza de la torre
adorna un cigüeñal.
Y las manos anónimas
alzan su vuelo en espiral,
mientras que las campanas planeando concéntricas
geometrizan la ciudad.
Hay un momento de emoción.
El viento pasa sin saludar.

DANZA DE LOS 4 ELEMENTOS
(Fragmento)
EL AGUA
Escultor imposible,
trabaja el mar con pensamiento fijo
en la estatua sin forma
que esquiva su perfil definitivo.
Arquitectura en marcha,
que ha encontrado en sí misma su sentido,
busca el agua un milagro
de inestable equilibrio:
pero se rompe y, al romperse, surgen,
desnudos en sus ruinas, los navíos.
Cada fuente ha soñado
encontrar algún ritmo
que acorde la dispersa arquitectura
del múltiple edificio,
y en la varia ciudad un tiempo torne
lo móvil y sonoro en pensativo-.
Gran galerna: celebran
hoy las aguas sus Juegos Olímpicos.
Ya está dispuesto el ring. A toda marcha
su meta conseguir intenta el río.
Los autos de las olas
traen sus focos de espumas encendidos.
Las escuadras rivales
alinean sus equipos.
En la calma final surgirá el faro
cantando como Píndaro.
Y en la noche, a las piedras de sus sienes
la lumbre de su hogar ceñirá un tirso.