Romance De Los Dos Molinos, de Eugenio Frutos.
El molino de agua plisa
la falda inquieta del río.
Gira el molino de viento
despeinando los caminos.
De peregrinar descansa
el molino de agua y reza,
y el manso mastín del río
lame sus llagas abiertas.
Gira el molino de viento
malabarista de estrellas-,
gira y ofrece a la luna
los polvos de su polvera.
El molino de agua duerme
y el mastín, de noche, sueña.
Al alba saldrá, molino,
al alba tu molinera:
sus pies veleros del río,
alas sus manos abiertas,
los cabellos enredados
en las últimas estrellas
y los senos temblorosos
en el talle como abejas,
el corpiño desceñido
como un pétalo que tiembla.
Hila el molino de viento,
hila la luz en su rueca:
va devanando el ovillo
del Sol su devanadera.
Ventilador de las nubes,
reloj de viento y arena,
abren sus aspas la rosa
que deshojan las tormentas.
Aeroplano encadenado,
Prometeo de la estepa,
que ha de volar algún día
hacia mares sin ribera
y un Camino de Santiago
ha de dejar como estela.