Paráfrasis Super Cantica Canticorum De Salomón en modo pastoril, de Benito Arias Montano.
En los floridos valles de Siona,
junto con el otero,
do el hijo de Jesé, zagal chapado,
por tirar con la honda muy certero,
la su gentil corona
ganando, fue entre todos señalado:
Allí, en un verde prado,
vi, debajo una sombra, una pastora
graciosa y bella, aunque algo tostadilla.
Paréme por oílla,
y a ver qué cosa fuese causadora
del ansia gastadora
que dentro en sí tenía,
porque con los suspiros que enviaba,
tales que el aire ardía,
encendida en deseo se mostraba.
En su cantar sentí que amor la fuerza
y no le da reposo,
haciendo al delicado pecho guerra,
sólo por el deseo de un su esposo
al cual llamar se esfuerza,
tanto que mueve a compasión la tierra. [
]
Esposa. Teolampo mío, ¿qué tardanza es ésta?
¡Ay! , ¿quién te me detiene?
¿Dónde estás? ¿No respondes? ¿Qué
te has hecho?
¿Cómo no quieres que en tu ausencia pene
aquella a quien le cuesta
tu amor el corazón que está en su pecho?
Bien sientes qué despecho
terné conmigo misma no te viendo,
porque tengo temor que no me quieras.
Si tú mi amante fueras
vinieras, la mi pena no sufriendo.
Yo juro que en te viendo
sería yo guarida,
y aunque la muerte ya de mí triunfase,
tornaría a la vida
si un beso de tu boca yo alcanzase.
No hay en el mundo más sabroso vino
que al bebedor contente
y quite sus cuidados y dolores,
y lo haga a gran bien estar presente,
que aquel dulzor divino
se pueda comparar de tus amores, [
]
Al dulce lamentar de aquesta amante
callaba el campo todo,
movido a compasión de una tal queja;
y no es tan vano el lastimero modo
que el alma no quebrante
a su esposo, que della no se aleja.
Amor ya no le deja,
ni su alma tierna puede ya sufrillo,
atormentar su amada con silencio;
que le es amargo asensio
ver el mal de su esposa y no guarillo.
Y con un son que oíllo
bien pueda, le responde
cantando, porque más su pecho mueva,
desde las breñas, donde,
por gran requiebro, su presencia encueva.
Esposo.Eumenia, para mí dulce y graciosa,
más que mujer de cuantas hoy se arrean:
Si tú no sabes, mi querida esposa,
hallar las mis ovejas do sestean,
aballa tu ganado presurosa,
y tus cabritos, que pacer desean.
La huella ven siguiendo a los pastores,
que entre ellos hallarás a tus amores.
Más linda, más ligera y más lozana
eres a los mis ojos, mi querida,
que la yegua de Egipto muy galana
que en el mi carro suele andar uncida.
Tus mejillas, Eumenia, muy de gana,
entre sus joyas tienen mi alma asida. [
]
Esposa."En la bodega de mi dulce esposo
entré yo, no por mí, mas por su guía,
porque su dulce amor es mi bandera.
¡Ay!, ¡ay, amor dulce y gracioso!,
¿cómo me privas de la fuerza mía?
Dadme, dadme del vino, que no muera;
poned manzanas a mi cabecera,
y otros olores con que me consuele;
traed, traed del vino vasos llenos;
henchid, henchid mis senos
de olor, que dentro de mi pecho vuele,
porque de amor el corazón me duele. [
]
Hablóme el mi querido:
Esposo. "Vente, amiga;
levanta onde estés, y vente presto,
belleza a quien mis ojos se ligaron, [
]
En el meneo, en el andar tan diestro
los tus pies vencen toda hermosura
con su calzado rico, y ornamento;
la redondez de el muslo, y su juntura
es como un bel collar, que un gran maestro
de oro torneó, gentil en hermosura;
tu ombligo fabricó también natura
como una bella luna en redondeza,
y siempre es fuerte, siempre fruto tiene;
tu vientre cual conviene
como un montón de trigo es que en belleza
envuelto, y lirios viene;
tus pechos do se anidan los amores
son como dos cabritos saltadores.
Tu cuello es una torre de marfil;
tus ojos claros, llenos, refulgentes
como piscinas hechas en Esbón. [
]
La tu cabeza tiene semejanza
a aquel Carmelo, monte muy famoso,
y el oro muy precioso
que de ella nace en hermosura alcanza
a un rollo muy hermoso
de púrpura. [
]
Tus pechos son racimos por bello arte
de la natura obrados; yo querría
subir en estas plantas a coger
sus ramos a placer;
tus pechos bellos son en demasía
racimos de Velver,
y el suave olor que tu nariz espira
olor de fruto es, que a todos tira.
Esposa.[
] Si tú quisieras ora, mi Teolampo,
saldríamos al campo,
iríate mis amores refiriendo,
y cuanto por ti he pasado en llanto,
y dormiremos por las caserías
pasando así las noches y los días.
veremos la mandrágora si huele,
si abierto ha ya su flor, y tanta fruta
como tengo apartada para ti
que tengo mucha allí;
de ella en sus ramos, de ella más enjuta,
que muchos días ha que la cogí;
pus tú la has de gozar, y no otro hombre,
pues se cogió, y guardó toda en tu nombre. [
]