Canciones
en carne viva, de Luis
Álvarez Lencero.
Unas alforjas
vacías,
Un caminito de
nadie,
Una lágrima
mordida
Y la pena por
delante.
La pena, la pena
mía
Como un perro, a
todas partes.
Compañero,
cuánta pena:
¡Llevo al
hombro mi cadáver!

Cómo le
duele al martillo
Nacer para
golpear.
Qué pena
tiene su boca
Que no sabe ni
besar.
Cuando el hierro
se retuerce
Bajo su beso
brutal,
¡Cómo
le duele al martillo
Machacar y
machacar!

Toda la vida
cavando
Un hoyo para las
penas.
Qué hondo
es el sueño del hombre
Debajo de tanta
tierra.
Nacer de la tierra
misma
Y volver dormido
a ella.
Tierra con sueño
que cava
Para dormir en la
tierra.

Ahora que soy
martillo
Te podría
machacar,
Pero el martillo
de un pobre
No es martillo de
matar.
Ayer debajo del
tuyo
Me golpeaste mi
pan,
Me machacaste la
vida,
Mataste mi
libertad.
Y ahora que soy
martillo
Yo no me voy a
empuñar,
Porque el martillo
de un pobre
No es martillo de
matar.

No quiero andar
más camino,
De noche, cansado
y solo,
Con tanta piedra
dormida
Y tanto mochuelo
sordo.
Me tumbaré
bajo un árbol
Cerrándoseme
los ojos,
Y le contaré
mis penas
Al hombre que
llevo hondo.
No quiero hablar
más de noche
Por esos caminos,
solo.
Me basta conmigo
mismo
Para contármelo
todo.