Hombre, de Luis Álvarez Lencero.



EL POEMA

Un verso duele tanto como un hijo

Y hace sangre en el alma cuando grita.

Nos roe las raíces de los huesos

Y nos deja una herida

Honda en el corazón hasta la muerte.

Un poema es un HOMBRE en carne viva.





 

 

SER

 

En un yunque de carne golpearon mi estrella

y apenas mis raíces recuerdan cómo ha sido.

Mi padre se dormía sobre una honda huella

una noche de lluvia. Dios lo había querido.

Yo era gota de lumbre por túneles de venas

y amanecí en la tierra de mi madre sembrado.

Supe que me esperaban el yugo y las cadenas

y estuve nueve siglos en su matriz atado.

Me arrancaron de pronto de la cárcel profunda

y al salir del barranco le mordí las entrañas.

Oh, qué triste simiente nacer ya moribunda,

e inauguré ser Hombre con sal en las pestañas.


Yo no sé cuántas lunas me acunó en sus rodillas,

ni las rosas de leche que vertió en mi puchero.

Crecí con una llaga de sol en mis costillas

y me arrastré en el surco sin libros ni tintero.

Traigo pan en el alma. Mi tuétano mantiene

la luz del toro ibero que muge en mi costado.

Mi tristeza retumba y abel mugriento viene

con su cuchara muerta sobre un tambor cansado.

Oh, venid a la encina de mis ásperos huesos,

que hay pájaros que rezan igual que las campanas,

y me pican el llanto y el sudor y los besos

viendo morir las noches y nacer las mañanas.


Os invito al milagro del dolor y los peces

desde el cáliz más hondo que empuño cada día

Bebed: esta es mi sangre. Saciad hasta las heces

el tigre que os devora. Tomad la carne mía.




 

 

HAMBRE DE DIOS


Te llamo con un hambre... Pero digo:

¡Dios!, y la boca de pan ya se me llena.

Ven a mi chozo tú. Mira esta pena

Que el fiel como un mastín está conmigo.


Acércate a mi mesa, Dios amigo,

Pues llanto has de comer. Esa es mi cena,

Que la sopa de un pobre siempre es buena

Si se calienta en lágrimas contigo.


Qué poca cosa tengo para darte:

Mendrugos de dolor. Hedionda herida

Y un candil que se muere de alumbrarte.


Qué te daré, oh Dios, qué otra comida...

Antes de que te vayas a otra parte

Toma mi corazón: ¡Muerde mi vida!




 

 

YUNQUE HUMANO

 

Señor, tú lo has querido: en la herrería

Me ha tocado ser yunque. Y los brutales

Martillos se me clavan con triunfales

Picotazos de cuervo en mi agonía.


Coléricas tenazas de piel fría

Tienen sed de mis lágrimas mortales,

Y aguanto al rojo vivo los metales

Sobre esta cruz de hierro cada día.


Al trato que me dan yo no respondo,

Aunque estallan mi alma a martillazos.

Tu voluntad, Señor, aunque me escueza.


Sufro desde la piel hasta lo hondo,

Y entre penas y chispas y porrazos

Soy un pobre con traje de grandeza.