El cielo casi, de Ángel Campos Pámpano.



 


De ti sé siempre la
respuesta. Procuro
ante el espejo


detenerme un instante
para buscarte adentro.







En el cristal,
el humo se condensa.
Duelen los ojos.


Deletreo tu nombre,
pero sigo sin verte.



 

En la destreza
del árbol cesa el vuelo,
se desmorona.


Un pájaro se mece
en la rama desnuda.







Para que juegues,
niña, para que juegues
cada mañana.


Para que juegues, Paula,
para que siempre juegues.







Ahora vendrán
los días más azules,
el sol de infancia.


Y la voz de la madre
que insiste en la llamada.







Una hoja seca
entre tus manos frías.
Echaste a andar


por el parque sin nadie,
retirada la nieve.







Los dos estamos
ocultos en las palabras,
recién nacidos.


Y a la sombra de un nombre,
del mismo nombre, juntos.







Antes me ocupa
tu sonrisa primera,
el centro mismo


de tu razón de ser.
El cielo casi, fértil.