José López Prudencio
Badajoz, 1870-1949
La
importancia de López Prudencio supera el ámbito muy reducido de
la literatura regionalista: como hombre de cultura, como
crítico y ensayista se confunde con el frente de investigadores y eruditos
que prolongan la mejor tradición del XIX. Sin embargo, su deseo de establecer
una cierta identidad extremeña lo convierte, casi sin querer, en el soporte
teórico, acaso involuntario, del proceso de definición de la melancólica
identidad extremeña en la que se empeñan los autores de la literatura
regionalista. En su voz hay ecos muy importantes de la imperiosa necesidad de
definir esa raza extremeña que encabezan autores como Galán
o Chamizo.
Extremadura tiene una acentuadísima personalidad regional que le distingue
de todas las demás regiones de España [
] Este es el temperamento
de nuestros hombres, de nuestra raza. Las audacias para innovar, las inflexibilidades
para transigir, las firmes aficiones a lo tradicional y castizo digno de conservarse,
la enemiga irreconciliable con la rutina, los altos ensueños, las feroces
ironías, sin temores ni piedades, para cuánto se considera reprensible,
son las notas del temperamento extremeño en literatura.
El genio literario de Extremadura, p. 2-4
Nació en Badajoz en 1870 -donde morirá, 1949-, y tras los estudios
en esta ciudad (alumno también del Seminario) marcha a realizar sus estudios
universitarios a Sevilla y Madrid, pero vuelve en 1900 a la ciudad y se integra
en su vida cultural: como periodista dirige en Noticiero extremeño,
y el Correo de la Mañana (1914), publicaciones en las que participan
otros autores regionales conservadores.
A partir de la segunda década del siglo multiplica su prestigio: se incorpora
a los críticos literarios del diario ABC y participa en
1925 en la creación del Centro de Estudios Extremeños y
su revista, siendo su primer director -la biblioteca de López Prudencio,
nutrida de multitud de textos fundamentales de la cultura regional y nacional
de la época, se conserva en el CEEX. Sólo una iniciativa de este
tipo, planificada y desarrollada con inteligencia, hacen su figura memorable.
López
Prudencio se entregó a la nostalgia extremeñista al tiempo que
publicaba artículos periodísticos y certeras críticas literarias
-sorprende su capacidad para asimilar algunas innovaciones estéticas-
y obras de carácter erudito, como la edición del teatro de Diego
Sánchez de Badajoz. Nostalgia presente tanto en obras de cierta
ficción, de melancolía personal -el Vargueño
de saudades (1917), Relieves antiguos (1925) y el
Libro de las horas anónimas (1926)- como en ensayos que buscaban,
explícitamente, la definición de las características que
permitieran definir la tradición del pueblo extremeño, su identidad.
Esta preocupación intelectual, sustento teórico paralelo a la
definición de la identidad ruralista de los poetas regionales, se define
en obras como Extremadura y España. Conferencias familiares
sobre la Raza de los conquistadores (1903), El genio de Extremadura
(1912) y las Notas literarias de Extremadura (1932): el estudio de los
autores literarios de la región tiene siempre, como introducción,
el pensamiento de López Prudencio, que busca una constante que defina
la identidad, que dé sentido a la idea de Extremadura como nación
intelectual.
La indisciplina con los cánones consagrados, el apego a lo nacional y
castizo, la repulsión a lo advenedizo y exótico, la displicencia
para con el medio ambiente, la acritud e inexorabilidad para con los defectos
sociales, la audacia satírica para flagelarlas, aun en las más
altas esferas, y la osadía para emprender caminos nuevos, se encuentran
en todos los literatos extremeños, con tal constancia y uniformidad,
que da fisonomía peculiar y acentuadamente personal a nuestro genio literario.
El genio literario de Extremadura, p.4
La obra de la
ladera regionalista de López Prudencio está, se
quiera o no, en sintonía con esas tendencias decimonónicas
que quieren otorgar carácter científico o experimental
a lo que eran intuiciones, voluntaristas intuiciones. Ésta es
a la vez su grandeza y miseria: un soplo de nacionalismo cientifista
nos despierta en la lectura de su obra, sensata y alejada de la
pasión nostálgica de los escritores regionalistas. Pero
no podemos olvidar que el sustrato intelectual que iniciativas como
la suya proporcionaban al ambiente intelectual de patriotismo
regional, de búsqueda de ese genio extremeño que
deseaba definir, que ilusionaba su trabajo.
L.S.D.