Humanismo

Aula Fray Luis de la Universidad de Salamanca. Esta universidad fue foco predilecto de la actuación de la Inquisición; en ella se daban cita los humanistas más abiertos y los clérigos de pensamiento más retrógrado. Fray Luis y El Brocense fueron objeto de procesos inquisitoriales que pretendían depurar sus ideas o sus trabajos de traducción.El Renacimiento supuso un cambio radical, prácticamente en todos los órdenes de la vida, con respecto a la época medieval. Asistimos, en efecto, a lo largo de los siglos XV y XVI a profundas transformaciones de orden político, social, económico, artístico e, incluso, geográfico, debido a los descubrimientos de territorios hasta entonces desconocidos, fundamentalmente en lo que hoy conocemos como América.

Pero, sin duda, el aspecto clave del Renacimiento es la cultura y la ideología que lo sustenta. Surge ahora una nueva forma de entender la vida que conocemos con el nombre de humanismo. Con el término de humanista se designa al estudioso formado en la cultura clásica redescubierta en los últimos siglos de la Edad Media y muy deformada a lo largo de ésta. Los textos griegos y latinos que paulatinamente van saliendo a la luz permiten leer a los clásicos desde una perspectiva nueva: centrándose en lo humano (humanismo). Por eso, lo importante, en realidad, no son los conocimientos clásicos en sí mismos, sino la captación a través de ellos del espíritu de un hombre nuevo, liberado de la ignorancia medieval, centro del mundo, amante de la belleza, intelectualmente cultivado, orgulloso de su razón, etc.

Real Biblioteca del Escorial. A suordenación y catalogación dedicó largos años Arias Montano, por encargo expreso de Felipe II. Paralelamente creó entre los monjes del monasterio un grupúsculo religioso renovador.Como dice Juan Luis Alborg, se viene aludiendo a la admiración por la Antigüedad clásica como principal motivo determinante de lagran revolución cultural que provoca el paso de la Edad media a la Moderna. Pero debe entenderse que este volver a la cultura antigua, este “renacer” de aquel mundo pretérito, no se limita a la admiración por unas determinadas formas de arte, por unas bellezas literarias que se estimaban superiores (por muy importante que pueda ser este estímulo), sino que tiene un alcance de mucha mayor profundidad; de no ser así, no podría imaginarse una transformación tan radical de todo el cuerpo de Europa. Lo que el hombre del Renacimiento busca en el antiguo es un nuevo concepto de la vida, una distinta estimación del hombre que le hace contemplarse a sí mismo de acuerdo con una nueva escala de valores. En efecto, los hombres y mujeres del Renacimiento no se limitaron a resucitar el pasado sino que trataron de construir un mundo nuevo en todos los órdenes de la vida.

Sí es cierto, sin embargo, que la mirada hacia atrás, hacia la antigüedad clásica, por parte de los humanistas, fue el germen que posibilitó esa amplia transformación ideológica que se da en los siglos XV y XVI. Así lo expresaba en 1440 el humanista italiano Lorenzo Valla:


Desde hace siglos no sólo nadie habla ya latín, sino que ni siquiera lo entiende al leerlo. Los estudiosos de la Filosofía no entienden a los filósofos, los abogados no entienden a los oradores, los jueces a los juristas y los restantes no entienden ni han entendido los libros antiguos, como si una vez perdido el Imperio Romano no nos conviniera ni hablar ni entender el latín, dejando que el moho y la herrumbre borre aquella gloria de la latinidad… Pero de cualquier forma, lo mismo que el tiempo pasado fue triste porque no se encontró en él ningún hombre sabio, de igual manera en esta nuestra época debemos congratularnos, porque si nos esforzamos un poco, confío que pronto restauraremos, más que la ciudad, la lengua de Roma y en ella todas las disciplinas.

Copérnico, movimiento de los planetas. El humanismo aportó una nueva mirada sobre el mundo. Reclamó la importancia del estudio, la observación y el análisis. Fruto de ello, de la confianza en las capacidades del ser humano de conocer y descubrir, fueron los avances científicos y los descubrimientos geográficos.Se considera a Francesco Petrarca (1304-1374) como el primer gran representante del humanismo italiano y a la vez la figura que, probablemente, más influencia tuvo a la hora de difundir los ideales humanistas. Pero a su nombre habría que unir el de otros grandes escritores o estudiosos como Giovanni Boccaccio (1313-1375), Marsilio Ficino (1433-1499), Pico Della Mirandola (1463-1494) o Jacopo Sannazzaro (1456-1530). Desde Italia, el movimiento humanista se extendió por toda Europa en un proceso que llega hasta el siglo XVI: las Universidades crean los Estudios de Humanidades, y la imprenta contribuye a divulgar la nueva forma de pensar a través de los escritos de los humanistas, poetas, filólogos, etc.

Se configura durante el Renacimiento una nueva relación entre los tres elementos claves sobre los que se sustentaba la cosmovisión de la época: el mundo, el ser humano y Dios. Recordemos brevemente la idea medieval sobre estos conceptos: Dios Todopoderoso crea al hombre pecador y lo pone en un valle de lágrimas para que consiga su salvación. La muerte será, simplemente, un trámite, un paso a la otra vida. El Renacimiento modifica las relaciones entre estos tres elementos: Dios es un ser accesible y cercano que crea al hombre y a la mujer como seres supremos de la Creación. Ésta es buena, y el hombre debe dominarla y gozar de ella. La vida, y no la muerte, es el dato principal, y el ser humano es el centro de lo creado y, por lo tanto, el objeto fundamental de estudio del sabio humanista. Observemos, a este respecto, cómo en las artes plásticas aparece la figura humana, con mucha frecuencia desnuda, en todo su esplendor. En definitiva, hay una revalorización de la dignidad del hombre y de los valores humanos. El Renacimiento impone una visión antropocéntrica, frente al teocentrismo de la Edad Media:


El hombre está en el centro de todo lo que acontece. Cuando todo hubo sido creado, y el mundo estaba completo, emergió el hombre, y Dios le dijo: "No te he fijado lugar alguno, ni tarea, ni plan, de manera que puedas emprender cualquier empresa y ocupar el lugar que desees. Todo lo demás que existe estará sometido a las leyes que ordené. Tú serás el único en determinar lo que eres”.

Pico de la Mirandola


Página de una edición de la Divina Comedia del siglo XIV. La figura humana presenta a su autor, Dante, en plena labor de escritura.Íntimamente relacionado con lo dicho está la confianza en el poder de la razón humana. El hombre y la mujer pueden ser el centro de la creación gracias a su capacidad racional. Frente al criterio de autoridad, surge ahora el sentido crítico que pone en tela de juicio muchos de los principios considerados inamovibles hasta el momento. Lógicamente este aspecto está profundamente relacionado con el individualismo característico del hombre renacentista.


Se originan muchos abusos en el mundo, o, por decirlo de una manera más atrevida, todos los abusos del mundo se originan porque se nos enseña a temer manifestar abiertamente nuestra ignorancia y nos vemos obligados a aceptar todo lo que no podemos refutar. Hablamos de todas las cosas por criterio de autoridad... Odio lo verosímil cuando me lo plantean como infalible. Me gustan estas palabras que ablandan y moderan la temeridad de nuestros juicios: quizá, alguno, se dice, creo.

Montaigne


El humanista español Juan Luis Vives.Por otro lado, la nueva visión de la relación Dios-ser humano impone una profunda transformación del sentimiento y de la práctica religiosa. Muchos humanistas, como Erasmo de Rotterdam (1469-1536) -sin salirse de la ortodoxia católica- mantuvieron actitudes fuertemente críticas hacia la Iglesia oficial: se oponían al criterio de autoridad sin más; criticaban abiertamente el lujo y la riqueza a todas luces excesivas de la Iglesia así como la falta de auténtica religiosidad en el Papa y en el resto de la jerarquía católica; pero, sobre todo, pensaban que la fe era algo íntimo y personal, que se desarrolla en la esfera más honda del ser humano, de aquí que buscaran formas de religiosidad que les permitieran una comunicación más directa y personal con Dios.


No pienses tú luego que está la caridad en venir muy continuo a la iglesia, en hincar las rodillas delante de las imágenes de los Santos, en encender ante ellos muchas candelas, ni recitar las oraciones muy bien contadas. No digo que sea malo esto, mas digo que no tiene Dios tanta necesidad de estas cosas. ¿Sabes qué llama San Pablo caridad?: Edificar al prójimo con buena vida y ejemplo, con obras de caridad y con palabras de santa doctrina, tener a todos por miembros de un mismo cuerpo, pensar que todos somos una misma cosa.

Erasmo de Rotterdam

Todas estas ideas tuvieron una fuerte influencia en Europa y en España, en concreto durante el reinado de Carlos I. A la muerte de éste, su hijo Felipe II y la Inquisición perseguirán duramente estas actitudes religiosas por considerarlas próximas a las creencias luteranas. Precisamente, la Familia Charitatis, secta a la que se adhirió el humanista extremeño Arias Montano, participaba de muchas de estas ideas, aunque su posición con respecto a la Iglesia Católica es mucho más discutible.

Ilustración de uno de los cuentos del Decamerón, de Bocaccio.En realidad, si se leen con atención las líneas precedentes se observará que la mayoría de los aspectos comentados tienen un común denominador: un fuerte individualismo. La experiencia individual se convierte en la autoridad suprema. Esto explica la búsqueda de una piedad íntima y personal, el rechazo frontal del criterio de autoridad, el libre examen de la Biblia luterano, etc.

De los grandes filósofos de la antigüedad clásica, Platón y Aristóteles, el Renacimiento eligió al primero sin ninguna duda. Surge así una corriente de pensamiento, conocida con el nombre de neoplatonismo, que influyó poderosamente en todo el movimiento renacentista. La belleza de los seres materiales es sólo un reflejo de la belleza de Dios, por lo cual, la contemplación de aquellos puede conducirnos a la divinidad. Muy específicamente, en la mujer, en la naturaleza y en el arte el Creador ha dejado su huella de modo sutil y al ser humano compete descubrir esa belleza oculta que produce la elevación del espíritu y lo conduce hasta la perfección. De este modo de pensar surgen los procesos de idealización que operan sobre la naturaleza o sobre el aspecto externo de la mujer y que tan claros son en la literatura renacentista, por ejemplo, a través del tópico del locus amoenus y del tópico de la belleza femenina. Precisamente por su capacidad de crear belleza y por lo tanto de elevar el espíritu del ser humano y de acercarlo a Dios, algunos de los artistas del Renacimiento recibieron el calificativo de divinos: Francisco de Aldana, Fernando de Herrera, el músico ciego Salinas, el pintor Morales…

Aparte de los humanistas ya señalados a lo largo del artículo, tenemos que citar en España al extremeño Francisco Sánchez de Las Brozas y a Juan Luis Vives. En Inglaterra fue decisiva la figura de Tomas Moro, autor de la célebre Utopía.