Literatura regionalista extremeña.


Número de julio de 1936 de la revista Cristal.En las calles de pueblos y ciudades extremeños hay nombres que se repiten: Gabriel y Galán, Luis Chamizo, Reyes Huertas, y bajo cada nombre la misma explicación: escritor extremeño de principios del siglo XX... ¿Quiénes son estos autores que no aparecen, sin embargo, en las historias de la literatura?

El final del siglo XIX es una época de contrastes, donde a la vez se producían importantísimas innovaciones industriales y corrientes sociales que propugnaban abandonar cualquier novedad técnica. Es el momento en que algunos países (como Gran Bretaña) dominan colonialmente el globo, a la vez que los pueblos y pequeñas naciones reivindican su identidad diferenciada, dentro del movimiento que llamamos nacionalismo. En este ambiente, la literatura también apunta en diferentes direcciones (como la música, la pintura etc...): si por un lado se rechaza la tradición realista (que era la tendencia literaria de la segunda mitad del siglo XIX), por otro hay un grupo de autores -y lectores- que desde la escuela realista, desde el costumbrismo (que registraba las costumbres de grupos sociales, sobre todo de aquellos que estaban a punto de desaparecer) trata de reproducir lo que a ellos les parece que es la identidad, la esencia de su región o país -así lo hace, por ejemplo, la literatura nacionalista irlandesa-. En toda Europa se produce este fenómeno de nacionalización patriótica de la tierra de origen (1895-1910 son los años de esta corriente de intenso nacionalismo literario). En Extremadura un grupo de autores -que pronto tendrían un éxito arrollador- cultivan esta escuela literaria, que trata de encontrar la esencia de la identidad del pueblo extremeño:

 

Mi querer, Agustín, es jonrao,

que en mi casta la jonra es sagrá;

[…]

Es tesoro que guarda el secreto

de un oscuro vivir sosegao

que en mi casta es como un amuleto

que nos viene a librar del pecao.

Es reliquia de santas mujeres

que supieron querer y esperar.

Luis Chamizo, Las Brujas .Obras completas, p. 135


Como asocian las costumbres rurales, la vida campesina tradicional con la felicidad y la identidad del pueblo, los autores del regionalismo extremeño se caracterizan por la nostalgia o melancolía que preside sus novelas o poemas. Sienten pena -es decir, melancolía- cuando contemplan el presente y dedican sus esfuerzos literarios a recordar cómo sería la vida en los tiempos pasados, cuando la ciudad, origen de todos los vicios, no había contaminado con sus ideas el campo. Pero como la realidad no se ajusta mucho a sus deseos, no tienen inconveniente en inventar un mundo de armonía, de felicidad, que sería el mundo ideal donde con mayor claridad se definiría la identidad de los extremeños:


La vida era solemne;

puro y sereno el pensamiento era;

sosegado el sentir, como las brisas;

mudo y fuerte el amor, mansas las penas,

austeros los placeres,

raigadas las creencias,

sabroso el pan, reparador el sueño,

fácil el bien y pura la conciencia.

J.Mª Gabriel y Galán. Castellanas, p. 10



Postal escrita y firmada por José María Gabriel y Galán.Se trata, por tanto, de una corriente literaria muy conservadora, que se define más por los temas y el tono que por el estilo, muchas veces cambiante por la influencia de la época. Obstinados en esta búsqueda de los orígenes, como los escritores nacionalistas utilizaban la lengua materna (gallego, catalán...) de su región, los autores regionalistas extremeños acuden a lo que sería el habla, una supuesta lengua o dialecto extremeño, que estaría relacionada con el deseo de mostrar en toda su pureza la vida -y la comunicación- entre los extremeños de ese mundo idealizado, irreal: una lengua en la que no se había escrito, una lengua de pastores en la que no se había publicado una blasfemia...

 

 

Eran chiquirrininos dimbos hermanos...

¡Qué tiempo aquel!... Roaba la vida güena,

cristiana y labraora, mansa y jorzúa,

con el roar pausao de las carretas.

[…]

Y un día y otro día: firme, castúa,

juerte, serena,

blanca como las flores de los jarales,

limpia como la costra de las camuesas,

dulce como las mieles,

robusta, santa, potente, recia,

la casa de los padres se mantenía

como panal tupío por sus abejas

como la jerrería que va rompiendo

los eslabones broncos d'una cadena

con alegres martillos que repicaran

en el yunque de bronce de la pacencia.

Luis Chamizo, Extremadura. Obras completas, p. 220.



Gabriel y Galán junto a José Ibarrola, fundador de la revista Cristal.Esta literatura, que tiene un escaso valor estético, es sin embargo de gran interés como documento cultural: se trata de una ocasión única en la historia literaria de Extremadura, en la que se quieren encontrar los elementos que -dentro de un patriotismo esencial, de cierto, en ocasiones, españolismo- diferencian su identidad casi en sincronía con un movimiento occidental de búsqueda de la identidad colectiva, del pueblo. Palabras como raza, raza extremeña, se multiplican en escritos y títulos (Trofeos de raza, La sangre de la raza... ) justo en los años en los que se había propuesto la posible decadencia de las razas latinas:



Este hombre es un genuino representante de la raza extremeña, que antaño embarcara, seducida por el ínclito Hernando Cortés, en el muelle sevillano, con rumbo a los países nuevos, llenos de peligros y leyendas. Hoy, este hombre se inclina a la tierra desde su nacimiento. Sus espaldas se agobian de tanta y tan cruenta inclinación. Sus ojos toman los apagados resplandores de la arcilla. Su carne es fraterna de la carne del barbecho. Y de su alma pende la dorada cera de la espiga y el ocre de la besana, que va alzando la reja del arado cuando la corteza no está endurecida.

Francisco Valdés. Jayán y gañanero, en Ocho estampas extremeñas con su marco, p. 61.


La identidad que literariamente se quiere definir, que añoran sin cesar los regionalistas extremeños, la de esta raza, no aparece en un paraíso, sino en un contexto -que se recorta contra un paisaje presente, pero nunca protagonista- de sufrimiento, de dureza de vida, de privación propia de la realidad rural (ligeramente cuestionada, pero que con paternalismo aceptan sumisos, o proponen reformar): se sublima la miseria, no se lamenta, algo que está muy lejos del tópico latino y pastoril tradicional:




su alma sensible se quedaba fría,

muda, yerta, vacía...,

y el pobre niño, sin querer,

lloraba ,con hondo sentimiento

que su pobre razón no definía...

¡La nostalgia del bien es gran tormento!


J. Mª Gabriel y Galán. Vocación, en Religiosas, Obras completas, p. 268.


La literatura regionalista extremeña tiene gran notoriedad en la sociedad extremeña -y española- de su tiempo, porque se trata de una expresión sencilla, inteligible, que seguramente contrastaría con la lírica o narrativa incomprensible e iconoclasta de los movimientos literarios paralelos como el modernismo o las vanguardias posteriores. Durante más de treinta años, desde la última década del XIX hasta los años treinta se consideró la literatura propia de la tierra, que entretenía al tiempo que enseñaba valores y costumbres tradicionales, que ofrecía un modelo frente a las convulsiones sociales del momento. Además, la facilidad de los versos, los argumentos sentimentales y trágicos, favorecerán la lectura y recitado de los textos... y su popularidad, tanto, que incluso hoy día se siguen publicando libros dentro de esta corriente —es decir, hoy hay autores herederos directos del regionalismo histórico—, y han aparecido múltiples ediciones de la obra de los regionalistas más reconocidos.

El autor que inicia los temas y el tono del regionalismo extremeño es el salmantino José María Gabriel y Galán, que consagró su poesía a la recreación literaria y nostálgica de la vida rural en versos castellanos y en habla extremeña. Le siguen, en la lírica, poetas tan consagrados como Luis Chamizo, seguramente el más valorado entre los extremeños, y otros menos conocidos, como Rufino Delgado. En prosa Antonio Reyes Huertas define la narrativa regionalista, y Francisco Valdés, con una obra singular dentro del regionalismo. Junto a estos hay una multitud de autores relacionados, bien por el cultivo de los temas y estilos -así Grande Baudesson, Javier Sancho González, los autores secundarios del regionalismo, etc...- o porque estaban cercanos a la evocación melancólica del pasado idealizado -Quijano, Vicente Sánchez Arjona- o porque en su obra también indagan en la definición de esa imprecisa identidad extremeña, como hace José López Prudencio.

Los años finales del siglo XIX y principios del XX son de intensa actividad intelectual y política en Extremadura: periódicos -multitud de periódicos-, libros y libelos evidencian una inquietud social de la que, desde el lado conservador, brotará el regionalismo literario. La literatura regionalista estará relacionada, por último, con este movimiento regionalista extremeño, de forma que autores de índole política y social como Juan Luis Cordero y Antonio Elviro aparecen como la vertiente práctica y reivindicativa de la nostalgia literaria.

La literatura regionalista, ceñida a unos temas muy concretos -la rutina pastoril o campesina, las estaciones, las estrecheces, los amoríos, el ciclo vital, la imagen de la mujer, el contraste campo-ciudad- , y que cultiva mayoritariamente el género lírico, se agota con rapidez, y los autores tardíos, como Rufino Delgado, no hacen sino reiterar estos asuntos sin que aparezca una renovación mínima.

Desde nuestra perspectiva, la literatura regionalista -que ofrece, con todo, obras apreciables y algunos textos de verdadero interés- representa una muestra de la multitud de polos y facetas que la literatura ofrece: la literatura es prismática, y la lectura de las caras enfrentadas, hecha a través de la otra cara, es fascinante. No podemos calificar de otra forma el tremendo contraste intelectual y cultural que produce comprobar que a la vez que se rodaban películas como Metrópolis o El acorazado Potemkin había quienes elegían la elegía del terruño, el canto apasionado a las costumbres sufrientes de la tierra. Para un lector de los libros del siglo XX están en el limbo literario, pero son, en todo caso, el otro 98, los herederos del regeneracionismo, de un envidiado nacionalismo de la identidad y la diferencia, son la contravanguardia... y son, también, los creadores de un universo imaginario potentísimo, vuelto de espaldas a la corriente de innovación literaria que por aquellos años daba sus mejores y más interesantes frutos.

La que sigue es la cronología del regionalismo extremeño:


1870 Corte y aldea de Antonio Hurtado.

1871 Discurso de Vicente Barrantes sobre las causas que produjeron la grandeza de la raza extremeña en el período de los Reyes Católicos y Carlos V, en la Real Academia de la Historia.

1872 Narraciones extremeñas de Vicente Barrantes.

1899 El Cristu benditu, José Mª Gabriel y Galán.

1899 Meridionales de Grande Baudesson.

1901 El Ama, José Mª Gabriel y Galán (Juegos Florales Salamanca).

1902 Castellanas José Mª Gabriel y Galán.

1902 Extremeñas José Mª Gabriel y Galán ( prólogo Joan Maragall).

1902 Supersticiones extremeñas de Publio Hurtado.

1903 El Robledal de Ruidiaz, de Sánchez Ocaña.

1903 Extremadura y España de J.López Prudencio.

1904 Campesinas José Mª Gabriel y Galán.

1905-6 Obras completas José Mª Gabriel y Galán.

1905 Ratos de ocio Antonio Reyes Huertas (autoedición).

1909 José Luis Cordero, Brisas Nuevas (revista).

1910 La nostalgia de los dos Antonio Reyes Huertas.

1910 Nostalgias Antonio Reyes Huertas y Monterrey.

1910 Primeros artículos de Antonio Reyes Huertas.

1911, Flor natural J.L. Cordero.

1912 El genio literario de Extremadura de J.López Prudencio.

1912 De cosas extremeñas de Javier Sancho Gonzalo.

1914 Amores de la tierra, de Grande Baudesson.

1917 Regionalismo de J.L. Cordero.

1917, Primera etapa novelística de Antonio Reyes Huertas, hasta 1928.

1917, J.L. Cordero. flor natural en Sevilla.

1918 Encuesta regional.

1919, accesit con Los consejos del tío Perico, de Luis Chamizo.

1920 La última cigüeña de F. Urabayen.

1921 El Miajón de los castúos de Luis Chamizo.

1922 Vargueño de saudades de J.López Prudencio.

1924 Cuatro estampas extremeñas de Francisco Valdés.

1925 Relieves antiguos de J.López Prudencio.

1925 Trofeos de Raza, Rufino Delgado.

1927 El rango de la raza de Conde Riballo.

1930, Las Brujas de Luis Chamizo.

1931, Leyendas extremeñas Vicente Mena.

1931, Raza española de Antonio Juez.

1932 Notas literarias de Extremadura de J.López Prudencio.

1932 Ocho estampas... de Francisco Valdés.

1933 Letras de Francisco Valdés.

1942 Extremadura de Luis Chamizo.

1942 Segunda etapa novelística de Antonio Reyes Huertas, hasta 1952.



L.S.D.