Literatura
regionalista extremeña.
En
las calles de pueblos y ciudades extremeños hay nombres que se repiten:
Gabriel y Galán, Luis Chamizo,
Reyes Huertas, y bajo cada nombre la misma explicación:
escritor extremeño de principios del siglo XX... ¿Quiénes
son estos autores que no aparecen, sin embargo, en las historias de la literatura?
El final del siglo XIX es una época de contrastes,
donde a la vez se producían importantísimas innovaciones industriales
y corrientes sociales que propugnaban abandonar cualquier novedad técnica.
Es el momento en que algunos países (como Gran Bretaña) dominan
colonialmente el globo, a la vez que los pueblos y pequeñas naciones
reivindican su identidad diferenciada, dentro del movimiento que llamamos
nacionalismo. En este ambiente, la literatura también apunta en
diferentes direcciones (como la música, la pintura etc...): si por un
lado se rechaza la tradición realista (que era la tendencia literaria
de la segunda mitad del siglo XIX), por otro hay un grupo de autores -y lectores-
que desde la escuela realista, desde el costumbrismo (que registraba las costumbres
de grupos sociales, sobre todo de aquellos que estaban a punto de desaparecer)
trata de reproducir lo que a ellos les parece que es la identidad, la esencia
de su región o país -así lo hace, por ejemplo, la literatura
nacionalista irlandesa-. En toda Europa se produce este fenómeno de nacionalización
patriótica de la tierra de origen (1895-1910 son los años de esta
corriente de intenso nacionalismo literario). En Extremadura un grupo de autores
-que pronto tendrían un éxito arrollador- cultivan esta escuela
literaria, que trata de encontrar la esencia de la identidad del pueblo extremeño:
Mi querer, Agustín, es jonrao,
que en mi casta la jonra es sagrá;
[
]
Es tesoro que guarda el secreto
de un oscuro vivir sosegao
que en mi casta es como un amuleto
que nos viene a librar del pecao.
Es reliquia de santas mujeres
que supieron querer y esperar.
Luis Chamizo, Las Brujas .Obras completas, p. 135
Como
asocian las costumbres rurales, la vida campesina tradicional con la felicidad
y la identidad del pueblo, los autores del regionalismo extremeño se
caracterizan por la nostalgia o melancolía que preside sus novelas
o poemas. Sienten pena -es decir, melancolía- cuando contemplan el presente
y dedican sus esfuerzos literarios a recordar cómo sería la vida
en los tiempos pasados, cuando la ciudad, origen de todos los vicios, no había
contaminado con sus ideas el campo. Pero como la realidad no se ajusta mucho
a sus deseos, no tienen inconveniente en inventar un mundo de armonía,
de felicidad, que sería el mundo ideal donde con mayor claridad se definiría
la identidad de los extremeños:
La vida era solemne;
puro y sereno el pensamiento era;
sosegado el sentir, como las brisas;
mudo y fuerte el amor, mansas las penas,
austeros los placeres,
raigadas las creencias,
sabroso el pan, reparador el sueño,
fácil el bien y pura la conciencia.
J.Mª Gabriel y Galán. Castellanas, p. 10
Se
trata, por tanto, de una corriente literaria muy conservadora, que se define
más por los temas y el tono que por el estilo, muchas veces cambiante
por la influencia de la época. Obstinados en esta búsqueda de
los orígenes, como los escritores nacionalistas utilizaban la
lengua materna (gallego, catalán...) de su región, los autores
regionalistas extremeños acuden a lo que sería el habla,
una supuesta lengua o dialecto extremeño, que estaría relacionada
con el deseo de mostrar en toda su pureza la vida -y la comunicación-
entre los extremeños de ese mundo idealizado, irreal: una lengua en la
que no se había escrito, una lengua de pastores en la que no se había
publicado una blasfemia...
Eran chiquirrininos dimbos hermanos...
¡Qué tiempo aquel!... Roaba la vida güena,
cristiana y labraora, mansa y jorzúa,
con el roar pausao de las carretas.
[
]
Y un día y otro día: firme, castúa,
juerte, serena,
blanca como las flores de los jarales,
limpia como la costra de las camuesas,
dulce como las mieles,
robusta, santa, potente, recia,
la casa de los padres se mantenía
como panal tupío por sus abejas
como la jerrería que va rompiendo
los eslabones broncos d'una cadena
con alegres martillos que repicaran
en el yunque de bronce de la pacencia.
Luis Chamizo, Extremadura. Obras completas, p. 220.
Esta
literatura, que tiene un escaso valor estético, es sin embargo de gran
interés como documento cultural: se trata de una ocasión única
en la historia literaria de Extremadura, en la que se quieren encontrar los
elementos que -dentro de un patriotismo esencial, de cierto, en ocasiones, españolismo-
diferencian su identidad casi en sincronía con un movimiento occidental
de búsqueda de la identidad colectiva, del pueblo. Palabras como
raza, raza extremeña, se multiplican en escritos y títulos
(Trofeos de raza, La sangre de la raza... ) justo en los
años en los que se había propuesto la posible decadencia de las
razas latinas:
Este hombre es un genuino representante de la raza extremeña, que antaño
embarcara, seducida por el ínclito Hernando Cortés, en el muelle
sevillano, con rumbo a los países nuevos, llenos de peligros y leyendas.
Hoy, este hombre se inclina a la tierra desde su nacimiento. Sus espaldas se
agobian de tanta y tan cruenta inclinación. Sus ojos toman los apagados
resplandores de la arcilla. Su carne es fraterna de la carne del barbecho. Y
de su alma pende la dorada cera de la espiga y el ocre de la besana, que va
alzando la reja del arado cuando la corteza no está endurecida.
Francisco Valdés. Jayán y gañanero, en Ocho estampas
extremeñas con su marco, p. 61.
La identidad que literariamente se quiere definir, que añoran sin cesar los regionalistas extremeños, la de esta raza, no aparece en un paraíso, sino en un contexto -que se recorta contra un paisaje presente, pero nunca protagonista- de sufrimiento, de dureza de vida, de privación propia de la realidad rural (ligeramente cuestionada, pero que con paternalismo aceptan sumisos, o proponen reformar): se sublima la miseria, no se lamenta, algo que está muy lejos del tópico latino y pastoril tradicional:
su alma sensible se quedaba fría,
muda, yerta, vacía...,
y el pobre niño, sin querer,
lloraba ,con hondo sentimiento
que su pobre razón no definía...
¡La nostalgia del bien es gran tormento!
J. Mª Gabriel y Galán. Vocación, en Religiosas,
Obras completas, p. 268.
La literatura
regionalista extremeña tiene gran notoriedad en la sociedad
extremeña -y española- de su tiempo, porque se trata de
una expresión sencilla, inteligible, que seguramente
contrastaría con la lírica o narrativa incomprensible e
iconoclasta de los movimientos literarios paralelos como el
modernismo o las vanguardias posteriores. Durante más de
treinta años, desde la última década del XIX
hasta los años treinta se consideró la literatura
propia de la tierra, que entretenía al tiempo que enseñaba
valores y costumbres tradicionales, que ofrecía un modelo
frente a las convulsiones sociales del momento. Además, la
facilidad de los versos, los argumentos sentimentales y trágicos,
favorecerán la lectura y recitado de los textos... y su
popularidad, tanto, que incluso hoy día se siguen publicando
libros dentro de esta corriente es decir, hoy hay autores
herederos directos del regionalismo histórico, y han
aparecido múltiples ediciones de la obra de los regionalistas
más reconocidos.
El
autor que inicia los temas y el tono del regionalismo extremeño es el
salmantino José María Gabriel y Galán,
que consagró su poesía a la recreación literaria y nostálgica
de la vida rural en versos castellanos y en habla extremeña.
Le siguen, en la lírica, poetas tan consagrados como Luis
Chamizo, seguramente el más valorado entre los extremeños,
y otros menos conocidos, como Rufino Delgado. En prosa
Antonio Reyes Huertas define la narrativa regionalista,
y Francisco Valdés, con una obra singular dentro
del regionalismo. Junto a estos hay una multitud de autores relacionados, bien
por el cultivo de los temas y estilos -así Grande Baudesson, Javier Sancho
González, los autores secundarios del regionalismo,
etc...- o porque estaban cercanos a la evocación melancólica del
pasado idealizado -Quijano, Vicente Sánchez Arjona- o porque en su obra
también indagan en la definición de esa imprecisa identidad extremeña,
como hace José López Prudencio.
Los años
finales del siglo XIX y principios del XX son de intensa actividad
intelectual y política en Extremadura: periódicos
-multitud de periódicos-, libros y libelos evidencian una
inquietud social de la que, desde el lado conservador, brotará
el regionalismo literario. La literatura regionalista estará
relacionada, por último, con este movimiento regionalista
extremeño, de forma que autores de índole política
y social como Juan Luis Cordero y Antonio Elviro aparecen como la
vertiente práctica y reivindicativa de la nostalgia literaria.
La literatura
regionalista, ceñida a unos temas muy concretos -la rutina
pastoril o campesina, las estaciones, las estrecheces, los amoríos,
el ciclo vital, la imagen de la mujer, el contraste campo-ciudad- , y
que cultiva mayoritariamente el género lírico, se agota
con rapidez, y los autores tardíos, como Rufino Delgado, no
hacen sino reiterar estos asuntos sin que aparezca una renovación
mínima.
Desde nuestra
perspectiva, la literatura regionalista -que ofrece, con todo, obras
apreciables y algunos textos de verdadero interés- representa
una muestra de la multitud de polos y facetas que la literatura
ofrece: la literatura es prismática, y la lectura de las caras
enfrentadas, hecha a través de la otra cara, es fascinante.
No podemos calificar de otra forma el tremendo contraste intelectual
y cultural que produce comprobar que a la vez que se rodaban
películas como Metrópolis o El acorazado
Potemkin había quienes elegían la elegía del
terruño, el canto apasionado a las costumbres sufrientes de la
tierra. Para un lector de los libros del siglo XX están en el
limbo literario, pero son, en todo caso, el otro 98, los
herederos del regeneracionismo, de un envidiado nacionalismo de la
identidad y la diferencia, son la contravanguardia... y son, también,
los creadores de un universo imaginario potentísimo, vuelto de
espaldas a la corriente de innovación literaria que por
aquellos años daba sus mejores y más interesantes
frutos.
La que sigue es la cronología del regionalismo extremeño:
1870 Corte y aldea de Antonio Hurtado.
1871 Discurso de Vicente Barrantes sobre las causas que
produjeron la grandeza de la raza extremeña en el período de los
Reyes Católicos y Carlos V, en la Real Academia de la Historia.
1872 Narraciones extremeñas de Vicente Barrantes.
1899 El Cristu benditu, José Mª Gabriel
y Galán.
1899 Meridionales de Grande Baudesson.
1901 El Ama, José Mª Gabriel y Galán
(Juegos Florales Salamanca).
1902 Castellanas José Mª Gabriel
y Galán.
1902 Extremeñas José Mª Gabriel
y Galán ( prólogo Joan Maragall).
1902 Supersticiones extremeñas de Publio Hurtado.
1903 El Robledal de Ruidiaz, de Sánchez Ocaña.
1903 Extremadura y España de J.López Prudencio.
1904 Campesinas José Mª Gabriel y Galán.
1905-6 Obras completas José Mª Gabriel
y Galán.
1905 Ratos de ocio Antonio Reyes Huertas (autoedición).
1909 José Luis Cordero, Brisas Nuevas (revista).
1910 La nostalgia de los dos Antonio Reyes Huertas.
1910 Nostalgias Antonio Reyes Huertas
y Monterrey.
1910 Primeros artículos de Antonio Reyes Huertas.
1911, Flor natural J.L. Cordero.
1912 El genio literario de Extremadura de J.López
Prudencio.
1912 De cosas extremeñas de Javier Sancho Gonzalo.
1914 Amores de la tierra, de Grande Baudesson.
1917 Regionalismo de J.L. Cordero.
1917, Primera etapa novelística de Antonio Reyes Huertas,
hasta 1928.
1917, J.L. Cordero. flor natural en Sevilla.
1918 Encuesta regional.
1919, accesit con Los consejos del tío Perico, de Luis
Chamizo.
1920 La última cigüeña de F. Urabayen.
1921 El Miajón de los castúos de Luis
Chamizo.
1922 Vargueño de saudades de J.López
Prudencio.
1924 Cuatro estampas extremeñas de Francisco Valdés.
1925 Relieves antiguos de J.López Prudencio.
1925 Trofeos de Raza, Rufino Delgado.
1927 El rango de la raza de Conde Riballo.
1930, Las Brujas de Luis Chamizo.
1931, Leyendas extremeñas Vicente Mena.
1931, Raza española de Antonio Juez.
1932 Notas literarias de Extremadura de J.López
Prudencio.
1932 Ocho estampas... de Francisco Valdés.
1933 Letras de Francisco Valdés.
1942 Extremadura de Luis Chamizo.
1942 Segunda etapa novelística de Antonio Reyes Huertas,
hasta 1952.
L.S.D.