José
María Cumbreño
Cáceres, 1972
José
María Cumbreño es profesor de secundaria y lleva publicando sus
poemas en revistas desde los años 90. Los dos libros de poemas que hasta
ahora ha publicado se verán pronto completados con un volumen de relatos.
La poesía de J.
M. Cumbreño es fruto de una renovación formal y temática
de finales de los años 90 en la poesía extremeña y española.
El primer libro consigue aunar un tono coloquial, una
renovación temática y un uso casi religioso del léxico.
Las referencias míticas o bíblicas tiene una función desmitificadora,
no es otro el objeto que humanizar y acercar el mito al lector. La estructura
de Las ciudades de la llanura, divide los poemas
en tres bloques, número mágico del Antiguo Testamento, tres unidades
que abarcan temas diferentes, alternando las referencias bíblicas con
las reflexiones surrealistas. La sombra de Sodoma planea por las tres partes,
aunque en la primera sea más explícita. El libro comienza con
un poema-monólogo de Lot, la última noche antes de salir de Sodoma.
Es tan vivo que parece que oímos a Lot cerca de nosotros. Le atribuye
expresiones y palabras propias del ámbito familiar, consiguiendo el efecto
con sorprendente naturalidad. Es un largo poema de metros cortos cuyo ritmo
se basa en el contenido, en una estructura repetitiva y una selección
del léxico equidistante entre lo cotidiano y lo culto. Éste y
otros poemas largos se van alternado con otros más cortos, de dos versos,
en los que se desgranan pensamientos, en ellos ofrece su ingenio verbal y conceptual:
Ten en cuenta que el árbol crece en dos direcciones, pero sólo
una brinda un lugar a la sombra. Estos poemas breves son herederos de una
tradición literaria próxima al surrealismo. Como vemos, se trata
de un libro que recoge diferentes tradiciones poéticas, alejándose
de una encasillamiento precoz y gratuito. Entre el culturalismo y la vida
se suceden las imágenes bíblicas, con una poética que tiene
algo de sagrado, sin olvidar nunca la experiencia vivida. Esa experiencia se
expresa a través de la voz poética humana, cercana y al mismo
tiempo solemne.
Su
segundo libro obedece también a un planteamiento unitario. Mediante imágenes
de la naturaleza superpuestas va desgranando pensamientos sueltos. Recupera
de nuevo el sentido sagrado de la palabra, unida a una visión de la naturaleza
rota o a punto de serlo: deshielo, tala, desmonte, río evaporado, árboles
sin sombra, conforman un mundo alrededor del bosque que sirve como pretexto
para hacer una reflexión más honda sobre la realidad vivida por
el poeta.
El estilo
entrecortado y solemne recuerda la técnica del colage que
usaron los surrealistas. El verso a veces se reduce a una palabra,
generalmente sustantivo, lo que nos hace pensar en una poesía
nominativa. El ritmo lo imponen los versos que se van sucediendo
intencionadamente, alternando los largos con los cortos. Cierto aire
sentencioso y de sabiduría popular, de reflexiones, por obvias
olvidadas, conforman un ritmo pausado, que invita a la lectura
morosa, a la reflexión que el poeta nos propone.
F.J.J.B.
BIBLIOGRAFÍA
Las ciudades de la llanura. E.R.E,
Mérida, 2000. (Finalista del Premio de poesía Rafael
Alberti).
Árbol sin sombra. Algaida, Salamanca, 2003. (Premio
de poesía Ciudad de Badajoz).