José
Antonio Ramírez Lozano
Nogales,
1950
Aun
cuando se revelara como poeta, José Antonio Ramírez Lozano ha
desarrollado de modo paralelo una nutrida trayectoria de poemarios y narraciones
que comparten numerosos motivos recurrentes y similares predilecciones formales.
Objeto de numerosísimos galardones, su obra en prosa se inicia con Don
Illán (Orihuela, 1978), una narración corta con algunas de
las claves de su mundo narrativo, a la que han seguido otros muchos títulos,
aparecidos en un corto espacio de tiempo: Flos Sanctorum (Valencia, 1982),
Titirimundi (Madrid, 1986), La gran oca (Valencia, 1990), La
historia armilar (Alicante, 1992), La derrota de los fabulistas (Alicante,
1994), Gárgola (Madrid, 1995), Animañas (Badajoz,
1995), Bata de cola (Sevilla, 1995) El birrete de papel (Badajoz,
1996) y Las argucias de Frestón (Sevilla, 1997), entre otros.
Este extraordinario número de obras, en donde apenas si se observan desmayos,
configura un universo singularísimo, atraído por lo intrahistórico
y popular (bien de su Andalucía de residencia o de la Extremadura de
la infancia), que se imbrica en un espacio mítico personal, desbordado
y barroco, plagado de animales imposibles de bestiario medieval, de elementos
sacros, de figuras piadosas de santoral ficticio, de héroes de la Conquista...,
todos ellos amablemente parodiados en un ejercicio de desmitificación
suavizado por un humor que rehúye en todo momento la crudeza. Recientemente
ha visto la luz Las letanías de San Garabito (Sevilla, Algaida,
2000, I Premio "Diablo Cojuelo" de Écija), "con una estructura
narrativa que evoca la de un clásico como el Lazarillo, cuyo lenguaje
sigue también de algún modo, con ese aire arcaico que el escritor
se construye con enorme gracia, haciendo alardes de excelente capacidad creadora
en este campo" (M. Pecellín, "Pícaro tierno y desbordante",
en Árrago, 14-VI-2000).
"Como los
motivos ornamentales y juguetones de la sillería de un coro
-afirma Gonzalo Hidalgo Bayal en Equidistancias,
pág. 60.-, como esas figuras que gesticulan desde los
capiteles de los claustros, que trepan por las fachadas
catedralicias, santos, difuntos, obispos, deanes, monagos, etcétera,
adquieren vida propia e integran una suerte de fantasmagoría
bonancible y ritual, de "bestiario de cabildo", que el
autor, desde fuera, con mirada tierna e irónica, se entretiene
en recrear y labrar con prosa minuciosa, suavemente arcaizante, de
sabor neoclásico".
Titirimundi
reúne veintidós composiciones, la mayor parte de las cuales lleva
como epígrafe el nombre, entre rústico y arcaizante, de sus protagonistas
(Gaudiano, Zamodio, Servando, Ponciano, Lucilo, Celso, Nime...), circunstancia
que, junto con otros datos dispersos, remite a la España de posguerra
dominada por una religiosidad militante, obsesionada por los ritos externos
y por las manifestaciones más primarias, como sucede ya en el espléndido
relato Cría de pobres, parodia del nacionalcatolicismo beato y
su caridad institucionalizada objeto incluso de campañas publicitarias
(que tan bien ridiculizara Berlanga en Plácido). El mismo ámbito
temático que en los autores del "medio siglo" ofrecía
terribles cuadros de la España negra constituye aquí un mundo
hilarante en el que los pobres, despojados de su condición de "fin"
para convertirse en instrumentos de sensibilización, son sacados a pasear,
rifados por las monjitas en Navidad o dejados en herencia de padres a hijos...,
pero siempre con el propósito expreso de perpetuar la pobreza, necesaria,
en esta peregrina lógica, para el ejercicio de la caridad, "porque,
decidme, hermanos ¿en quién ejerceremos luego nuestro temor de
Dios?..." (pág. 14). Otros tipos peculiares deambulan por este mundo
clerical y "naif": Paca Toledana enamorada de un paje de los Reyes
Magos, Don Celestino, un cura especializado en sacar almas del purgatorio a
base de misas por los difuntos (a veinte duros), Primitiva la pastora de ovejas
"y cuando su padre la mandaba con los cochinos le entraba el aperreo, porque
ya de antemano sabía ella que a la Virgen no le iba ese ganado"
(pág. 64).
El
casticismo regionalista (Lucilo) o la invasión del tecnificado
mundo moderno y las nuevas supersticiones (Santa Madeinusa) son otros objetivos
críticos, pero es preciso afirmar que al narrador le guía un impulso
estético antes que ético, por lo que el tratamiento de estos motivos
temáticos es siempre afable, consciente de que si comunican estructuras
sociales injustas, son, a la vez, fuente de belleza, de una belleza excesiva
y circense (obsérvese cómo la vieja imagen de mundo como teatro
ha sido desplazada hacia la identificación, más original, mundo:circo),
que estilísticamente se sitúa en la que con toda probabilidad
sea la mejor tradición literaria de nuestro siglo, el esperpento y las
corrientes que heredan sus principios estéticos (por ejemplo, los apuntes
carpetovetónicos celianos: "En la taberna del Cisco hay moscardones
gordales y velludos que acuden al regüeldo del borracho y acaban luego
en la guillotina del ventilador o destripándose contra el espejo turbio
de la barra", pág. 25), al servicio de un gozo creador, compartido
en la lectura, de la fabulación más desbordada y del humor:
"...a Manolito Matías todo lo que pensaba se
le venía a la cabeza sin más [...]
-Manolito -tentábanle desaprensivos los muchachos- imagínate el
reloj del Cabildo, Manolito.
Y Manolito Matías se tambaleaba según le daban las siete y media
en su cabezota de espadaña.
-¡La leche que mamasteis, so cabrones! -gritábales desde el postiguillo
la Sebia, su madre, según los miraba perderse por la calleja"
(Manolito Matías, pensador de agujeros, pág. 103).
Titirimundi
incorpora asimismo siete micro-relatos, bajo el epígrafe La
tierra, algunos de los cuales constituyen, a nuestro juicio,
breves joyas literarias:
"El cementerio de la villa es
ovalado. Las gallinas del enterrador anidan en los nichos o escarban las tumbas
frescas hasta picotear los ojos de los difuntos pobres. Por noviembre, sus deudos
y familiares acuden al cementerio con hojitas verdes de perejil y se vuelven
cada cual con su cestita de huevos"
(La tierra, págs. 86-87)
Animañas
(1995) acoge en Especies en extinción monstruos de
aspecto animal, en Ejemplares únicos extraños
tipos humanos, y en Especies protegidas santos
canonizados. Se ha esbozado de este modo una ordenación
en escala ascendente: lo primario deja paso a lo humano, y por fin a
lo beatífico [...] Deformados por la hipérbole, estos
personajes parecen arrancados del mundo del esperpento, de Quevedo,
del Bosco, del Carnaval, de Goya, el Surrealismo..., de la tradición,
en definitiva, de lo grotesco, una forma de expresión que
opera sobre las creaciones de Ramírez Lozano distorsionando su
apariencia externa, y fusionando lo animal y vegetal con lo humano,
la realidad con el ensueño (F. López-Arza y
Moreno, Animañas, en REE, LIII, nº II,
mayo-agosto de 1997, pág, 697).
M.S.V.
BIBLIOGRAFÍA
Narrativa
Flos Sanctorum. Valladolid, Ayuntamiento, 1981.
Gárgola. Madrid, Ediciones Cátedra, 1985.
Titirimundi. Madrid, Ediciones Libertarias, 1987.
Pío. Cáceres, Institución Cultural El Brocense,
1988.
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La Historia Armilar. Alicante, Editorial Aguaclara, 1991.
La derrota de los fabulistas. Alicante, Editorial
Aguaclara/Ayuntamiento de Mérida, 1994.
Animañas. Mérida, Editora Regional
de Extremadura, 1995.
Bata de cola. Madrid, Editora Regional Extremeña/ Libertarias,
1995.
El birrete de papel. Badajoz, Diputación Provincial, 1996.
Las argucias de Frestón. Sevilla, Editorial
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El cuerno de Maltea. Madrid, Editorial Alfaguara, 1997.
Letanías de San Garabito. Sevilla, Editorial Algaida, 2000.
El domador de erratas. Sevilla, Editorial Algaida, 2001.
Los reinos de Artemón. Ed.Algaida, Sevilla 2001.
El mapa de los sueños. Alfaguara, Madrid,2002.
Babo. Ed. Aljibe, Málaga, 2002.
Poesía
Canciones a cara y cruz. Sevilla, Aldebarán 1974 .
Antifonario para un derrumbe. Granada, Seminario de Estudios de la Caja
General de Ahorros, 1977 .
Fabulario (1976-1978). León, Col. Provincia,
nºLII,1981.
Sybila Famiana. Badajoz, Institución Cultural Pedro de Valencia,
Diputación Provincial de Badajoz, 1983.
Bestiario de Cabildo. Huelva, Diputación Provincial, 1984.
Teluria. Cádiz, Ediciones de la Caja de
Ahorros, 1987.
Bolero. Córdoba, Publicaciones del Excelentísimo Ayuntamiento,
1987.
Cuarto Creciente (Poesía 1974-87.) Antología. Madrid, Editorial
Alcazaba/Libertarias, 1989, con introducción de J. L. García Martín.
Yesca. Córdoba, casa de Galicia, 1991.
Memento. Alicante, Editorial Aguaclara, 1991.
Pipirifauna. Mérida, Editora Regional
de Extremadura, 1992.
Agua de Sevilla. Sevilla, Editorial R. Castillejo, 1995.
Azogue Impuro. Madrid, Asociación de Escritores y Artistas Españoles,
1996.
Letamía. Rute (Córdoba) Editorial Ánfora Nova,
1996.
Oscura Trashumancia. Málaga, Centro Cultural Generación
del 27, Col. Ibn Gabirol nº1,1997.
Valga la redundancia. Málaga. Editorial Málaga Digital
1997.
Santos llovidos del cielo. Editorial Hiperión, Madrid 1998.
Los Visigordos. Málaga. Diputación, 1999.
El arquero ciego. San Sebastián, Kutxa 1999.
Aqueronte. Diputación. Cuenca, 2001.
Premios de poesía.
Ciudad de Badajoz (1983).
Juan Ramón Jiménez (1984),.
Rafael Alberti (1986).
Ricardo Molina (1987).
San Lesmes Abad (1991).
Rosalía de Castro (1991).
Mariano Roldán (1994).
Blas de Otero (1995).
Ciudad de Irún (1999).
Manuel Alcántara para poemas sueltos.
Premios de novela o relato.
Ateneo de Valladolid (1981).
Jauja (1983).
Azorín (1985).
Cáceres de novela corta (1986).
Ciudad de Valencia (1989).
Juan Pablo Forner (1994).
Felipe Trigo (1996).
Jaén de literatura Juvenil (1997).