Jorge Márquez
Sevilla, 1958
A
pesar de su juventud, Jorge Márquez es autor de una extensa obra dramática
(más de doce piezas) que ha desarrollado a la vez como escritor y como
director escénico. Como afirma R. de la Fuente Ballesteros (en Fábula
inefable de la flauta y el fusil", Teatro extremeño contemporáneo,
Badajoz, DPDB, 1995, pág. 543), "el rico bagaje escénico
de Jorge Márquez, pese a su innegable juventud, es lo primero que sorprende
al que se acerca a su producción: doce piezas -El espíritu
de Buret, Juegos de madrugada, La noria de cristal, El sueño de los fantasmas,
El beso de las mariposas, Hernán Cortés, Mientras Némesis
duerme, Títeres de la luna, Fábula inefable de la flauta y el
fusil, El abismo, Coraggio, mia signora y Hazme de la noche un cuento, además
de la juvenil Ve, piensa y dime- sin contar las adaptaciones -Lope, Sófocles,
García de la Huerta- son alforjas más que servidas para tan corto
camino".
Nos encontramos
ante un verdadero "hombre de teatro", cuya trayectoria,
marcada por el carácter lúdico y ceremonial del hecho
dramático y por una constante experimentación (el
sendero natural del verdadero creador en nuestros días),
presenta en 1994 un quiebro en su evolución con Sucio
amanece (1994), un nuevo experimento, esta vez de
teatro-relato, que, en realidad, contiene dos obras, tal y como se
expone en su subtítulo: "Casi una novela".
"Casi una tragedia"; en este volumen el autor le
ofrece al lector una misma historia abordada desde la doble vertiente
dramática y narrativa. Marta acaba de separarse de su marido y
se cambia de domicilio. Aquí entabla conversaciones con un
vecino "un tanto extraño" (Don Lucio) que vive con
su gato (Don Pablito). Su nuevo vecino se enamora de ella y las
relaciones de vecindad se van a ver constantemente perturbadas por
las numerosas manías del anciano. Temas como el racismo, la
xenofobia y la intolerancia serán fundamentales en la obra de
la que tratamos.
Tres
años más tarde ve la luz El claro de los trece
perros (1997, Primer Premio de novela "Ciudad de Salamanca"),
obra que presenta en su apertura una similitud de fondo con la anterior, circunstancia
que otorga a los dos relatos un mismo aire de familia: ambos, en efecto, nacen
del tedio, del abrumador hastío con que unos seres solitarios, marginados
de su entorno, contemplan las postrimerías de una existencia malograda;
y es en este momento cuando un acontecimiento imprevisto (la llegada de una
joven y hermosa vecina al mismo bloque en que habita don Lucio, un militar retirado;
la extraña carta con un enigma excitante que recibe el profesor Salinero)
los saca de su ensimismamiento para devolverlos al curso de una vida activa;
esto es, los transforma de testigos distanciados de su propio presente en protagonistas
de una pasión (amorosa en el primer caso, intelectual en el segundo).
Si bien el desenlace de ambas narraciones presenta asimismo
otras analogías (relacionadas con una misma visión del mundo ácida
y desencantada), nos interesa, en cambio, señalar ahora la notable distancia
que, en el terreno de las preocupaciones formales, separa esta novela de la
anterior, pues a la elemental estructura de aquélla (una narración
lineal muy condicionada), le sucede una obra que llega incluso a dificultar
su lectura con una ligera resistencia inicial dada la complejidad de los artificios
en juego. El relato de un macabro crimen en una aldea del sur es comunicado
mediante una información contenida en tres planos narrativos distintos:
los fragmentos del diario de un frustrado profesor de criminología (seleccionados
y anotados por el editor), las cartas del joven Elías que reconstruye
una versión de los acontecimientos desde una perspectiva fabulosa e imposible
y las anotaciones del profesor que van erigiendo, a base de rectificaciones
y pesquisas propias, otra versión de lo sucedido. El lector avanza de
este modo por un doble sendero narrativo que ofrece, al menos, dos versiones
de la historia: la mítica e infantil del muchacho recluido en un sanatorio
siquiátrico y la policial del viejo profesor, una construcción
narrativa que genera constantes oposiciones de donde brotan el divertimento
lúdico, el humor y la sorpresa.
El
claro de los trece perros
gozó inmediatamente del fervor de la crítica, que la
saludó como una de las muestras más avanzadas de las
posibilidades de renovación de un género
permanentemente en crisis. En ella, la tenue frontera que deslinda
cordura y demencia, realidad y ficción, es cruzada por el
pasivo protagonista, el Dr. Salinero, profesor de criminología
encargado de desvelar las ocultas razones de un pavoroso crimen. A
través de la correspondencia que establece con el presunto
asesino, Elías, autonominado El Duendecillo Nemoroso,
Salinero va penetrando en la brutal realidad de lo que hoy se conoce
como España profunda, aunque la toponimia sea completamente
ficticia. Sucesivas voces narradoras se superponen y el escritor
ayuda al lector por medio de identificar cada una con un distinto
estilo tipográfico, recurso novedoso que ha contado con el
beneplácito de público y crítica. Unos y otros
han sabido discernir y apreciar esta audaz exhibición de
maestría narrativa y virtuosismo literario adobada con un
peculiar y desgarrado sentido del humor que compone un triunfo de la
desbordante imaginación de su autor.
Otro acierto sin duda supone su original estructura al modo de muñeca rusa, amparada, como se señalaba, en la forma epistolar, que la dota de cercanía y verosimilitud; en ella, como en un mecanismo de relojería, se combinan la omnisciencia del autor con el multiperspectivismo, las referencias teatrales con el flash-back, la dicotomía de lo urbano y lo rural en su vertiente de civilización y barbarie, la locura y la cordura y un halo decisivamente cervantino -fundamental en el muestrario lleno de cariño que caracteriza la presentación de los personajes- que confirma la redonda calidad de esta novela.
La
crítica ha insistido, aun dejando constancia de la poderosa originalidad
de su obra, en la profunda atracción que ha ejercido en esta literatura
la estética esperpéntica, probablemente la aportación más
valiosa de nuestra tradición reciente (Valle-Inclán, Cela...),
perceptible en varios rasgos (animalización, técnica de contrastes...),
a los que se suma su condición de parodia (un rasgo más de filiación
esperpéntica): de los cuentos y mitos infantiles, de la superstición
popular, de los relatos de investigación, de las ediciones impertinentemente
anotadas, de la "cultura" de los medios de comunicación (con
su hartazgo de sexo, sangre y sentimentalismo primario)..., y todo ello mediante
un discurso marcado por la precisión lúcida ("y sabía
por costumbre que, tratándose de lujuria, caminar despacio acorta el
camino"), por los distintos registros humorísticos (del más
sutil al más desgarrado), por la sorpresa y el ingenio.
Las Parcas (2000), última obra aparecida
hasta ahora, incluye tres relatos, La taberna, La brújula
y La habitación de hotel, marcados por la presencia de las tres
hilanderas (Cloto, Láquesis y Átropos) como otras tantas musas
macabras de la creación literaria, pues, en efecto, la muerte, con su
estela de dolor, miseria y locura, es la protagonista de estas composiciones.
En ellas puede vestir el disfraz de "dama del alba", de mujer seductora
visible solo para ciertos personajes a los que arrastrará a la enajenación,
puede aparecer bajo la máscara de mujer vulgar (una viuda aldeana), o
de una prostituta de lujo, y puede mostrar el rostro de la piedad, como ocurre
en la primera composición (en que viene a poner fin a una terrible agonía)
o de la venganza, como sucede en la tercera, pero, siempre puntual a su cita,
irradiará a su alrededor su poder destructor, exacerbando la maldad oculta
en el interior del ser humano, empujado, por ello, a la demencia, al asesinato,
al incesto y al parricidio.
Acaba de terminar la redacción de Los agachados, que verá la luz a lo largo del 2003.
M.SV.
E.G.F.

En el teatro de Jorge Márquez se tratan problemáticas variadas
que las contextualizan en la realidad del momento en que fueron escritas; aunque
posiblemente sea el tema de la soledad y de la incomunicación entre los
seres humanos uno de los fundamentales de su producción.
Lo primero que
llama la atención en él como dramaturgo es su afán
de renovación del género dramático. Márquez
va a transgredir muchas convenciones del espectáculo teatral,
como hemos tenido ocasión de comprobar con Sucio
amanece, subtitulada Casi una novela. Casi una
tragedia; en ella nos ofrece un mismo argumento abordado
desde las perspectivas narrativa y dramática a un tiempo. Por
otra parte, en muchas de sus peculiares acotaciones, el dramaturgo
deja vía libre al narrador.
La experimentación
teatral estará presente ya en sus primeras obras (Ve,
piensa y vive, Juegos de Madrugada, El
espíritu de Buret, La noria de cristal,
El sueño de los fantasmas y Ven a
buscarme, Talía); siendo una constante a lo largo de toda
su producción.
En las obras a las
que nos hemos referido se proyectan muchas de las grandes
preocupaciones del artista sobre la creación y se tratan
algunos de los grandes temas universales de todos los tiempos.
A las obras
anteriores siguen otras dos de temática histórica:
Hernán Cortés y Mientras que Némesis
duerme.
Una de sus obras
más conocidas va a ser Hazme de la noche un
cuento, en la que nos ofrece a una serie de personajes
sumidos en sus soledades y haciendo frente con sus frustraciones a su
dolor.
En la Fábula
inefable de la flauta y el fusil (notemos lo aliterativo del
título) contrapone dos mundos muy distintos e
irreconciliables: el del artista y el de la vida militar.
Coraggio, mia
signora es un sorprendente monólogo de final inesperado en
el que una mujer le reprocha a su marido la inutilidad de su vida
compartida.
Junto a algunas
adaptaciones de Lope de Vega, Sófocles y el extremeño
García de la Huerta, algunas de sus últimas
creaciones son La tuerta suerte de Perico Galápago y
Sucio amanece, obra a la que ya antes nos referimos.
S.G.M.
Biliografía
Narrativa
Sucio amanece. Mérida,
Editora Regional, 1994.
El claro de los trece perros. Salamanca, Algaida,
1997. I Premio Ciudad de Salamanca.
Las Parcas. Mérida, Editora Regional, 2000.
Los agachados. Salamanca, Algaida, 2003.
Teatro
Ve, piensa y vive.
Juegos de Madrugada.
El sueño de los fantasmas.
Ven a buscarme, Talía.
El espíritu de Buret. Badajoz: Institución Cultural «Pedro
de Valencia». 1981.
La noria de cristal. Badajoz, DPDB, 1983.
El beso de las mariposas. Mérida, ERE; Colección La Centena,
núm. 69, 1989
Mientras que Némesis duerme. Madrid: Ed. Fundamentos/ERE, 1990.
Hernán Cortés. Madrid: Ed. Fundamentos/ERE, 1990.
Hazme de la noche un cuento. Mérida, ERE,
1991.
Coraggio mia signora. Mérida. ERE, 1993. (Premio Constitución
de la Junta de Extremadura 1992).
Fábula inefable de la flauta y el fusil. Badajoz, DPDB, 1994.
La tuerta suerte de Perico Galápago. Madrid, SGAE, 1995. (Premio
S. G. A. E. 1994).
Títeres de la luna. Madrid: Fundamentos/Diputación de Badajoz,
1997.