Elías
Moro Cuéllar
Madrid, 1959
Elías
Moro desde principios de los años ochenta vive en Mérida, donde
escribe, organiza y participa en diversos encuentros relacionados siempre con
la literatura. Colabora en distintas publicaciones periódicas, como Oropéndola,
Alor Novísimo, Espacio/Espaço Escrito,
Ala de mosca, La luna de Mérida, etc. Su obra
narrativa es breve, publicó unos relatos realistas, con toques de ironía
y algún intento de vanguardismo que apuntan un camino que promete frutos
jugosos.
Gran parte de su
producción está dispersa en las revistas que hemos
mencionado. Elías Moro no se ajusta al patrón de poeta
convencional, le gusta salirse de los márgenes, y por ello
encontramos libros de memorias dispersas, compartido con su amigo
Daniel Casado, como Me acuerdo, un
bestiario dedicado enteramente a los
animales, o no tan animales; el nº 2 de Los
pliegos adversos, en el que encontramos un brindis a
escritores, actores, cantantes, montañas, y personajes de lo
más variopinto, que se convierte en una broma de un excelente
gusto.
La poesía
de Elías Moro surge de la experiencia vivida y de la
contemplación del mundo. El tono conversacional de su obra,
los temas elegidos, el léxico cotidiano, hacen de sus poemas
un largo monólogo del poeta lanzado al lector con el ánimo
de una tranquila conversación. Sus poemas presentan escenas
vividas o imaginadas, postales de un viaje o de la naturaleza,
episodios cotidianos, aunque sean de animales.
Las
continuas citas a sus maestros y a sus amigos muestran un espíritu humilde
y generoso. Generosidad que se convierte en amor cuando habla de la mujer. Y
amor que se convierte, en numerosas ocasiones, en pasión carnal. Es un
poeta de amor a las cosas pequeñas, a los ocultos sentimientos que tiene
cualquier hombre de su tiempo. Pero es capaz de levantar un yo poético
muy cercano al lector y eso hace de su poesía un canto a la vida, a la
alegría de saber que gozamos con pequeños detalles, o que compartimos
soledades: así
me enfrento cada día / a mis pequeños fracasos: / con el exacto
silencio de no decir nada, / entorpecido por la sombra... Estas
lecturas proporcionan a Elías Moro no pocas referencias, sus poemas,
en ese sentido, se convierten en un continuo diálogo con la tradición
y con poetas que comparten una misma realidad.
En Casi
humanos (bestiario) muestra una cierta ironía,
como en el poema Oso: Más
por temor que por otra causa, / sus víctimas se postran ante
él / y esperan el zarpazo de gracia / (o el perdón, /
aunque no es probable). O la cita encubierta a un
breve cuento de Monterroso en La fábula del loro: Una vez
lo hubo logrado, / el loro calló para siempre.
F.J.J.B.
En
contra del uso común (los libros de relatos suelen contener textos de
muy distinta temática y condición), Óbitos
súbitos (2000), la primera incursión de Elías
Moro en la prosa, reúne cuatro cuentos emparentados por la brusca irrupción
de la muerte que otorga a las composiciones, similitudes formales al margen,
un acentuado aire de familia. La muerte, con su constelación de motivos
obligados (enigmas, ejecuciones, móviles...) protagoniza el desenlace
de todos estos relatos, pero su presencia, salvo en el último texto,
La hora del monstruo, no impregna de tragedia las tramas, puesta como
está al servicio de un propósito lúdico perceptible en
los finales sorprendentes (Ángelus, Memorial de agravios)
y en narradores imprevistos (Plas). Perspectivas y estructuras variadas
(una tercera persona omnisciente, una composición epistolar, un soliloquio
que haría las delicias de un entomólogo, una primera persona que
nos habla desde los territorios de la vigilia y del sueño) presentan
estos relatos próximos en algunos casos al género negro: el asesino
a sueldo de Ángelus, enamorado de "su viejo Ford modelo Capri",
protagonista del desarrollo narrativo de una metáfora ("siempre
es duro matar los sueños"), el susceptible poeta de Memorial
de agravios, que elabora en todos sus detalles un crimen de narración
y ejecución simultáneas meditado en la distancia (fabulación,
plena de humor, de la relación de amor-odio entre creadores y críticos)...
De mayor aliento y
calado es, a nuestro juicio, La hora del monstruo,
desarrollado en dos planos narrativos muy contrastados, uno real y
otro onírico, mediante una trama de avance lineal en el primer
caso y no progresivo el segundo (una pesadilla recurrente y reiterada
con variaciones), abocado, como los demás argumentos, a un
desenlace fatal. Con alguna conexión externa y cierto parecido
estructural con el relato de Julio Cortázar La noche boca
arriba (un cuento brillante pero algo tramposo), La hora del
monstruo alterna los ámbitos de la vela y el sueño
plasmando de modo preciso el tránsito de la realidad
intolerable al territorio de las pesadillas (reproducidas sin
puntuación: un hallazgo pertinente pues subraya la angustia
caótica de los sueños).
M.S.V.
BIBLIOGRAFÍA
Poesía
Mar de fondo. Col. Arco iris, caja verde, Mérida 1985.
Contrabando. E.R.E., Mérida 1987 (nº
89 Col. La Centena).
Casi humanos (bestiario). Ed. Germania, Valencia,
2001.
Palos de ciego. Col. El pájaro Solitario, Mérida 2002
Narrativa
Óbitos súbitos. Mérida,
Editora Regional, col. Vincapervinca, 2000.
Varia
Me acuerdo. Mérida, De la Luna Libros, 1999.