Carolina Coronado y Romero

Almendralejo, 1820-Paço D`Arcos (Portugal), 1911.

Carolina Coronado, pintada por Madrazo.Vino al mundo un 12 de diciembre en una familia partidaria del liberalismo y la constitución. Cuando vuelve el absolutismo con Fernando VII, su padre, Nicolás Coronado Gallardo, secretario de la Diputación Provincial de Badajoz, es perseguido y encarcelado.

Su infancia y adolescencia transcurren entre Almendralejo y Badajoz y su educación es la de una señorita burguesa de la primera mitad del siglo XIX. Ella misma dice: nada estudié sino las ciencias del pespunte y el bordado del encaje extremeño, que sin duda es tan enredoso como el código latino. Esto lo declaraba en 1909, quizás exagerando su ignorancia.

Aunque sus estudios no fueron académicos, su formación fue autodidacta y desde muy temprana edad manifestó sensibilidad artística y poética. Además, tanto por carácter, como por tradición familiar, simpatizaba con los perseguidos políticos y los marginados. Entre éstos, para Carolina estaban las mujeres, siempre en inferioridad de condiciones en un mundo de hombres. Dice: yo soy literata, hice versos desde que supe hablar; dejé de hacerlos desde que aprendí a callar. Es, por tanto una romántica espontánea y vocacional; para ella la literatura (en todas sus géneros predomina lo poético) es inspiración y liberación de los fantasmas personales.

Carolina Coronado y RomeroEl primer poema conservado, lo compuso con diez años: A una tórtola muerta. En 1839 apareció su poema A la palma en El Piloto, publicación madrileña que editaba Donoso Cortés. El poema recibió el aplauso de la Corte y de algunos poetas como Espronceda quien le escribe unos halagadores versos.

Pronto será conocida y admirada en los círculos literarios de Madrid y de Badajoz. Aquí ofreció recitales en la Sociedad de Lectura creada por su hermano Pedro, posteriormente convertida en Liceo. En 1840 inició una fructífera correspondencia epistolar con Juan Eugenio de Hartzenbusch, quien se convirtió en maestro y editor.

En 1843 Hartzenbusch editó su primer libro titulado Poesías que fue bien recibido por la prensa. Hartzenbusch lo prologa, alabando la inspiración, la sensibilidad y la claridad de sentimientos y reconociendo también un cierto desaliño que a veces cae en prosaísmo.

En 1844 Carolina sufrió un ataque cataléptico y la dieron por fallecida. Algunos poetas le dedicaron poemas elegíacos, entre ellos Campoamor. Este capítulo, que parece sacado de una leyenda romántica, continúa cuando ella contesta haciéndose llamar “la resucitada”:

Pero con ser del alma tan querido

del cielo que de muertes nos espera

era risa, medrosa, rechazando

de mi ilusión me desperté temblando.

Batalla a orillas del río Gévora contra las tropas napoleónicas; éste fue uno de los paisajes idílicos para Carolina Coronado.En estos años desarrolla su sensibilidad especial ante el paisaje extremeño; de ahí nace el amor a las flores, muchas veces convertidas en símbolos de sus estados de ánimo. Por eso José María de Cossío la incluye en su ensayo Cuatro poetas ante las flores. Dice en un romance publicado en 1845, que se titula La poetisa en un pueblo:

¡Ya viene, mírala! ¿Quién?

Esa que saca las coplas.

Jesús, qué mujer tan rara,

tiene los ojos de loca.

Durante esta época vive en un exaltado estado de ánimo que va del misticismo al amor humano, personalizado en un misterioso Alberto del que nada se sabe con certeza; podría ser un amor platónico o real, o incluso sólo haber existido en la imaginación de la poetisa. Alberto “muere en un naufragio” (no sabemos si es real o inventado) y Carolina hace votos de castidad en la catedral de Sevilla. Estas experiencias la llevan a componer algunas poesías de una alto contenido lírico como Yo tengo mis amores en el mar y El amor de los amores.

En Sevilla conoció a Alberto Lista (el que fuera maestro de su paisano Espronceda) a quien dedicó un poema. En Cádiz, se puso en contacto con el editor Adolfo de Castro quien le publicó y prologó sus novelas Paquita y Adoración (1850).

En los periodos de estancia en Extremadura escribió un ensayo en el que comparaba a la poetisa de Safo con Teresa de Jesús. Fue publicado por el Semanario Pintoresco (1850) y condenado por los jesuitas, igual que le ocurrió con su novela Jarilla (1850), también publicada por capítulos en el mismo semanario. El éxito popular, sin embargo, fue enorme.

En 1850 se representó en Madrid el drama El cuadro de la esperanza, que de nuevo venía avalado por E. de Harzenbusch; anteriormente se había representado en Badajoz, interviniendo como actriz la misma Carolina y con una finalidad benéfica, recaudar fondos para una escuela de párvulos.

En este mismo año se traslada a vivir a Madrid, quizás animada por el éxito de sus primeras obras. Allí da a conocer su quehacer literario en revistas como Clamor Público, El Semanario Pintoresco y La Ilustración. Estrena otras obras teatrales, todas ellas en el Liceo: El divino Figueroa, Petrarca y La rueda de la fortuna.

En 1851 viaja por Europa y envía sus crónicas a La Ilustración. En París conoce a algunos de los artistas franceses románticos más importantes, como Musset, Merimèe, Lamartine (al que más admiraba) y Víctor Hugo.

En 1852, tras un corto noviazgo, se casa con el secretario de la embajada de Estados unidos, Horacio Perry Spragne. Al ser un matrimonio mixto (ya que él era protestante) se lleva a cabo en Gibraltar y lejos de las miradas de los curiosos que sabían de los “votos sevillanos” de Carolina. Estamos ante otro episodio de leyenda romántica.

La vida de Madrid discurre en un ambiente literario que el matrimonio creó en su propia casa, a la que acudían contertulios diplomáticos, aristócratas, políticos y escritores. En ese mismo años (1852) aparece publicada la segunda parte de sus Poesías con el prólogo de Hartzenbusch de 1843.

En 1854 muere su hijo mayor y su marido cesa como secretario de la embajada. En 1855, Carolina coopera con otros autores románticos para homenajear al poeta prerromántico Manuel José Quintana.

En 1857 nace su hija Carolina y después, en 1861, su hija Matilde, la única que la sobrevive.

Con los acontecimientos independentistas en Cuba, la guerra de Secesión Americana, las tensiones diplomáticas entre USA y España y los aires revolucionarios de la época, la Carolina liberal se convierte en revolucionaria, llegando a ser presidenta de una Sociedad Abolicionista (para Cuba).

En 1873 publicó la tercera edición de sus Poesías, pero la muerte de su hija mayor le provocó nuevos ataques catalépticos. Decide buscar la soledad y se marcha a Portugal (tierra siempre cercana y querida); se instala en Paço D`Arcos, desde donde colabora con algunas revistas y periódicos como La Ilustración y Revista de Extremadura. Allí recibió a algunas personalidades como Juan Valera.

El matrimonio Perry-Coronado, había invertido en una compañía telegráfica que no fue rentable y acabó arruinándose y con ella nuestra escritora. En 1891 muere Perry; Carolina sobrevive todavía veinte años. De nuevo la leyenda vuelve a su vida cuando decide retener el cuerpo de su marido embalsamado en la capilla de su palacio.

La Sigea. Doña Carolina CoronadoEn los últimos años sus desequilibrios psíquicos se acentuaron, rehusando toda relación social. Sólo así se explica que rechace la invitación a un homenaje en Badajoz, contestando con un soneto:

Una corona no; dadme una rama

de la adelfa del Gévora querido

y mi genio, si hay genio, habrá obtenido

un galardón más grato que la fama.

Muere sin que haya cesado su inspiración poética y su trabajo de escritora vocacional, un 11 de enero de 1911 en el palacio de Mitra.

Hasta 1850, Carolina representa la estética romántica, aunque siempre marcada por un tono íntimo y personal; anhelos y sentimientos, se plasman en los versos de forma sincera. Por eso, gran parte de la poesía de Carolina se libra del exceso de ritmo altisonante y del adorno gratuito del romanticismo del de la época.

Su primera etapa poética va desde que Carolina, muy joven, comienza a escribir, hasta 1843, momento en que publica la primera edición de sus poesías. En ella predominan la actitud y las estrofas clásicas. Hay una contemplación, recreación de la naturaleza a través del yo lírico. Aparecen arroyos, pájaros, árboles, otoños y gotas de rocío que alivian la soledad y la búsqueda de un alma inquieta. El trasfondo es siempre el paisaje extremeño radiante de luz, dando nitidez a flores y pájaros. Estos elementos de la naturaleza real de su tierra permanecerán siempre en la poesía de la almendralejense. Inicia también el otro tema recurrente en su poesía y en su vida: la reivindicación feminista, social y patriótica.

La segunda etapa, la de madurez se desarrolla entre 1843 y 1852. En ella profundiza en los temas de la etapa inicial, introduciendo otros nuevos. Ahora poetiza El espino, La clavellina o Emigración de las aves. Continúa la poesía feminista tanto en tono reivindicativo como satírico. El tema de Dios y la fe se hace aún más presente; ambos son para Carolina un refugio para sus amarguras y una búsqueda de lo trascendente que da a las poesías un tono casi místico. Casi toda la poesía amorosa está inspirada en el misterioso Alberto. Unas veces canta el amor exaltado: “Oh, cuán te adoro”:

Tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras

y quisiera exhalar mi último aliento

abrasada en el aíre que respiras.

Otras veces se lamenta por el dolor y la ausencia: “Siempre tú”:

El segundo diciembre se acercaba

trayendo para mí nieblas mayores

que a merced de los vientos bramadores

tú nave en el Atlántico vogaba.

Otra vertiente de su poesía es la filosófica; el pesimismo está relacionado con el paso del tiempo y el sufrimiento del mundo adulto, al haber perdido la arcadia feliz. ¿Quién me consuela a mí en mis tempestades?, dirá en Las tormentas, de 1848.

Tras su boda en 1842 se abre su última etapa de producción poética, ésta mucho más reducida. Carolina titubea entre la estética anterior y los nuevos caminos del prosaísmo y el realismo. En algunos textos, vemos su crítica a la sociedad materialista; comulgando con postulados regeneracionistas, critica a la cultura anglosajona que pretende imponerse a los valores de nuestra patria.

F.L.A.M. / A.S.S. /F.E.S.S.